Tirado en la cama durante dias, sin comer, sin salir de mi casa, sin levantarme por favor. Solos yo y mi mente divagando sobre la futilidad de la existencia, sobre lo irrisorio que soy, sobre lo poco que le importaría al mundo si yo me muero. Sí, talvés mi hermana se quiera matar, pero más que nada porque la dejo clavada con cuentas mayúsculas que son a medias... Ya muchos han muerto, y la vida sigue. Y qué porcentaje de la población sabe de mi existencia siquiera?
Bueno, hace apenas diez minutos tuve una conversación que me dió vuelta como una media. Yo ya estaba de un animó bastante bajoneado, pero esto me dejó como para internar. Tengo suerte de estar frente a una computadora y poder plasmarlo en una forma más... constructiva.
En definitiva, me hizo ver el valor que tiene una vida humana. Justo una vida humana especifica. Justo una que no es humana, y quien sabe si está viva siquiera. Pero seguro es que mi existencia es mil veces más futil que un solo recuerdo de ella. No, mi vida no me importa, pero la de ella no le importa a ella. Y a mi su vida me importa más que la de cien ciudades.
Una decición de guerra: sacrificar una vida para que miles puedan vivir.
Una decición de verdad: sacrificar mi vida mil veces para que solo una pueda vivir.
Y no pienso hablar de la frustración de que esté llorando y yo no esté siquiera en la misma ciudad...
Explico mis alucinaciones diarias en un lenguaje que un humano (espero) sepa comprender
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martes, 21 de agosto de 2012
One
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jueves, 16 de agosto de 2012
Lluvia de lágrimas
La conocí llorando en un café. Regen dijo que se llamaba. Era meteoróloga y acababa de terminar con su novio. No pude evitar hablarle. No soy un tipo muy frontal, pero fue algo en su rostro empapado que me impulsó. No quiero decir que fue su llanto lo que me gustó de ella, pero tengo que admitir que fue lo que me llamó la atención. Lloraba no como quien por tristeza deja escapar a regañadientes una o dos gotas locas; no, ella lloraba en abundancia y con una expresión mansa. Se veían brotar las lagrimas de a una y recorrer el caudal de su rostro, un caudal dulce y sereno. Era hermosa. No esa sensualidad de portada de revista, sino esa belleza cotidiana que uno deja escapar a diario cuando ve una mujer bonita y no hace lo que todo el cuerpo le grita, que es ir y hablarle por lo menos. Pero esta vez hice caso.Yo entré al café Rosmary para resguardarme de la lluvia, iba camino de mi casa. Primero solo le pregunté que qué le pasaba, porque estaba sinceramente preocupado, no fuera que pudiera ayudar en algo; Luego solo traté de levantarle el ánimo al ver que no era nada grave, pero no pude evitar que mis intenciones personales se colaran en mis intentos por animarla. No me di cuenta como la lluvia amainaba a medida que su rostro resplandecía con esa hermosa sonrisa, de eso me di cuenta bastante más tarde.
Cuando la lluvia paró le di mi teléfono y partí. Esa misma noche nos vimos. Solo recuerdo su risa. Amaba hacerla reír. A nadie le llamó la atención que hubiera un veranillo tras la lluvia torrencial de la tarde. La gente nunca se queja cuando no llueve, hasta que es muy tarde, obvio.
Me gustó, le gusté, nos volvimos a ver, una y otra vez, y antes de darme cuenta estaba presentándoles a mis padres mi flamante novia. Fue esa noche que me di cuenta. Yo, embobecido como todo enamorado, no puse peros a sus respuestas evasivas, no indagué en nada. Solo me interesaba estar con ella, oír su risa. ¿Qué me importaba donde trabajara realmente, si podía pasar su tiempo libre con ella? Fueron mis padres quienes la pusieron en jaque. Sí, era muy buena para predecir el clima, pero había que admitir que hacía casi un mes que no llovía (Desde la tarde que nos conocimos precisamente), aparte de eso no tenía pruebas de que fuera meteoróloga. O humana directamente. Nunca la había visto comer. La cena se puso incomoda tras preguntas como cuando había nacido, donde había crecido, quienes eran sus padres, y esas cosas típicas que preguntan los padres que ella respondió con evasivas cada vez más y más obvias. Tras el postre tuvimos una charla cada vez más incomoda hasta que, llorando, se fue corriendo bajo la lluvia. Llovió por tres días. Lo que la gente decía era simplemente que la sequía había terminado. Esa extraña sequía de invierno. O que la primavera se vino antes de tiempo. Nadie hablada de mi obviamente. Nadie hablaba de cómo la buscaba sin saber por donde empezar. Nadie hablaba de cómo lloraba de rabia y frustración, porque por ese mismo secretismo que discutimos era que no podía dar con ella ahora. Nadie habló de cuando la encontré en el mismo café que nos conocimos, ella sentada llorando como la conocí, con esperanzas de que yo fuera, yo dispuesto a perdonarle todo el secretismo del mundo y volver a intentarlo.La lluvia paró en seco.
Fue iniciativa de ella contármelo todo. Yo le dije que no podía ser, que era una superstición. Ella se puso a llorar. Comenzó a llover. Le creí. Dejó de llorar. Paró la lluvia. Había decidido estudiar meteorología para ver si podía entender como quitarse esa maldición. Le costó mucho hacer los papeles falsos. No dormía, no comía, no precisaba casa, ni trabajo, pero precisó un número de documento para poder estudiar. No sabía cuan vieja era, entre más viejos los recuerdos más borrosos eran. Se mudó a mi casa esa misma noche. No llovió durante tres semanas.
Hay ciertas cosas que tomar en consideración para tener una relación romántica con la lluvia, como por ejemplo, que si no peleábamos durante mucho tiempo había una sequía. O sea que nuestra felicidad ponía en peligro a todos los que nos rodeaban. Por eso fue nuestra siguiente pelea justamente. Ella decía que no merecía ser feliz si por eso tenía que sufrir tanta gente, yo le dije que todo el mundo merecía ser feliz, que solo había que encontrar una manera de resolverlo. Pasaron dos semanas donde fuimos medianamente felices, pero cada vez menos. Lluvias de veinte minutos tras un mes de sequía no eran suficientes. Lluvias de tres días eran peor.
Nos terminamos separando, y llovió mansamente durante dos semanas y media. Dos semanas que yo pasé buscando una solución. Casi pierdo mi trabajo, pero valió la pena.
Aparentemente su poder era absoluto. Regen aparecía en los radares y en las imágenes de satélite como una anormalidad. Pero tenía un radio limitado. Era tan simple como moverse constantemente para que la lluvia natural se asentara cuando ella no estaba.
Ahora ella es azafata, y yo la espero en un aeropuerto distinto cada vez. Hace mucho que no veo llover.
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jueves, 10 de noviembre de 2011
La droga del querer
![]() |
| Hugs are Drugs |
Es como en el hombre bicentenario, cuando Andrew se hace una "operación" para envejecer. Las relaciones interpersonales no cumplen ninguna función excepto la de generar la necesidad de tenerlas en primer lugar. Yo creo que si naciéramos y fuéramos criados en un ambiente libre de la contaminación del contacto social, seríamos todos ermitaños solitarios y felices. Un ejemplo sería nacer en una estación espacial, o en una nave solitaria, con el resto de la tripulación en criogenia, o robotizada, o simplemente inexistente. Otro ejemplo es como la gente se vuelve adicta a las redes sociales, cuando se podía vivir sin ellas antes de su invención...
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martes, 8 de noviembre de 2011
El comienzo
Todo empezó cuando mi novia me dijo que no le alcanzaba el tiempo del día para cumplir con todo lo que tenía que hacer, así que iba a dedicarme menos tiempo a mi. Yo empecé a dedicar ese tiempo libre extra, pues había relegado todo lo no académico por ella, en más actividad académica... Terminada la secundaria me dediqué de lleno al estudio del tiempo; tanto en la técnica, estudiando ingeniería física; como en la practica, estudiando relojería. Mi objetivo final era lograr condensar un chronión, para poder producir tiempo. Para malgastarlo, perderlo, ganarlo, congelarlo, duplicarlo, extenderlo, suprimirlo, atrasarlo, adelantarlo, y poder disfrutar todo el tiempo, de todo el tiempo del mundo.Pero poco a poco me fui obsesionando más con el tiempo en sí, ya no importándome el motivo original de mi obsesión. Y es ahí cuando me especialicé aún más, y me diversifiqué al mismo tiempo. ¿Cómo es esto posible siquiera? Bueno, me centré más en el tiempo, y no tanto en la mecánica, física, matemática, computación, y todo lo demás que rondaba torno a mis estudios cada vez más obscuros. Adopté al mismo tiempo más y más maneras de interpretar el tiempo. Comencé a meditar, a probar drogas que aumentan la velocidad de pensamiento, a experimentar con auto hipnosis, viendo cuan subjetivo era el tiempo personal. De los relojes de cuerda, los de péndulo y los de cuarzo, pasé a diseñar un reloj atómico casero. Incluso me adentré en libros de historia, en bibliotecas esotéricas, a estudiar magia arcana, dándole valor al tiempo que soportaron de existencia por sobre el contenido real.
Y fue cierto tiempo después, un día que me encontraba en mi laboratorio/estudio/taller, desarmando un condensador de flujo, buscando un repuesto para el proyecto de acelerador de partículas, que ella me dijo que el problema era que no le dedicaba suficiente tiempo.
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lunes, 7 de noviembre de 2011
Desengaño
Me ha inspirado una mnemosina, pero no con amor, sino con afecto. Pero yo estoy enamorado del amor. No pedí nada, y ese fue mi peor error. ¿Dar por sentado? ¿Temer a represalias ocultas? ¿Devaluación de mi afecto? Otra marca en la pared, y mi estadía en esta celda de confinamiento no me está dando los frutos que esperaba. Puede que algún día me retracte de mis palabras, puede que algún día resulte todo para mejor, pero por ahora no es algún día, sino hoy. Y hoy, el molde con forma de corazón, cortó otra galleta con forma de rechazo.Sos yo. Sos yo hasta en mis falencias. Sos yo, cuando yo trato de no ser yo. ¿Cómo me vas a querer, si yo mismo no me quiero? Tengo primero que reconciliarme conmigo mismo; pero la prueba de mis intentos está en acercarme a vos. Vos sos yo. La única manera de saber era probar, y resulta que no se. Ahora probé, y aún no se. ¿Qué opción me queda? ¿Volver con el rabo entre las patas, a una cucha tan sombría, a un tablero con solo piezas blancas, a esconder la cabeza en mi caparazón, para salir solo para decir que no preciso salir?
Solo soy un niño que quiere un abrazo de su madre. Solo soy un perro que quiere una caricia que nunca llega. Solo pido que me des lo que más te guste. Nada más. ¡Míranos! ¡Como ruegan a nuestros pies! Pero como iguales, me decepcionaste. Si te digo que soy elitista, ¿lo tomaras como que no estas a mi altura? Si te digo que no soy exigente, ¿lo tomaras como que no me importas? Ya no importa. De hecho nunca importó. No estaba en mis manos, nunca lo estuvo. Ahora puedo seguir con mi vida.
Pero ¿sabes qué? Estoy feliz. Porque me has dado lo que nadie supo darme. No me diste lo que pedí. Pero me diste lo que precisaba.
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lunes, 17 de octubre de 2011
Make Sense
Durante mucho tiempo se pensó erróneamente que el humano contaba con solo cinco sentidos. Hoy se sabe que en realidad son ocho. Pero como yo voy a hablar de los sentidos en un sentido poético, me voy a limitar a los cinco clásicos.
Nos han acompañado desde los albores de la especie, y desde la cuna hablando individualmente. Son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Si uno piensa en la importancia que tiene la vista en nuestra vida cotidiana, más vale quedarse manco que ciego. Pero ¿cómo se ha vuelto tan sofisticado un sentido en comparación a los otros? Pues resulta que son todos más o menos igual de sofisticados, solo que nuestra forma de vida se moldeó de forma tal que la vista es más importante.
Mi vista es una puta. Cualquiera la seduce, y se enamora a diario de una vista nueva. No hace falta más que un simple amanecer, ver caer la lluvia por al ventana, o aún sentarme a mirar las olas romper contra las rocas. Y que no se vaya a cruzar con otra vista. Adoro los ojos. Verdes, celestes, grises, negros, marrones, ámbar, me da igual: yo me fijo en la forma, tamaño, lo peculiar que tenga esa vista, que hace que sean esos ojos, y no un par más.
Pero no mi oído. Ah, no. Mi oído es un elitista. Solo ciertos patrones de sonidos lo satisfacen, ciertos arreglos armónicos a los que denomino "música". Música pueden ser las gotas contra el techo de chapa. Música puede ser el ronroneo de mi gata a coro con el crepitar de la estufa. Música puede ser una guitarra acústica y una voz, o un sintetizador y una batería. Música puede ser una lied élfica, interpretada por una filarmónica, o simplemente un tarareo de la voz más dulce. Solo se que si es hermoso es música.
O sino, piensen en el olfato: Uno puede percibir cosas que están en otra habitación tras puertas cerradas(la abuela cocinando) o incluso notar que algo estuvo, algo que ya no está en la casa siquiera, o hasta saber donde estuvo algo o alguien!
— ¿Fuiste a la playa?
—Ah, no. Esa era Rosita. Pasó a saludar.
¿Qué aromas les gusta a ustedes? Mi flor favorita es el jazmín. ¿El olor a nuevo de un libro? ¿El aroma del barniz de uñas? ¿El perfume que desprende la lluvia, cuando ha pasado tiempo sin llover? ¿Olerle el pelo a una Fräulein...?
¿Y que hay de los gustos? Es mi deber colocar en primer lugar un fuerte café. Un café con leche o crema, un toque de azúcar(lo justo), y una pisca de canela. Confucio decía que un buen cocinero tiene que dominar los cinco gustos: dulce, amargo, ácido, salado y picante. Me encantan los gustos fuertes, pero hay que saber dosificar. Para hacer un plato agridulce es mejor combinar sabores suaves. Ahora, si con la lengua se masajea un pesón ahí ya entramos en el tacto.
El tacto es el sentido más sensual. ¿Qué es lo más placentero del tacto sino una caricia? ¿Qué es el rose entre dos cuerpos sino una muestra del poder del tacto? Un poder donde el más mínimo contacto lanza una descarga eléctrica por la columna. Un beso, labio contra labio, tacto contra tacto, la lucha de dos lenguas enfrascadas en la travesía de sentir. Y podría ir más allá, pero mi punto está claro: Enjoy.
Nos han acompañado desde los albores de la especie, y desde la cuna hablando individualmente. Son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Si uno piensa en la importancia que tiene la vista en nuestra vida cotidiana, más vale quedarse manco que ciego. Pero ¿cómo se ha vuelto tan sofisticado un sentido en comparación a los otros? Pues resulta que son todos más o menos igual de sofisticados, solo que nuestra forma de vida se moldeó de forma tal que la vista es más importante.
Mi vista es una puta. Cualquiera la seduce, y se enamora a diario de una vista nueva. No hace falta más que un simple amanecer, ver caer la lluvia por al ventana, o aún sentarme a mirar las olas romper contra las rocas. Y que no se vaya a cruzar con otra vista. Adoro los ojos. Verdes, celestes, grises, negros, marrones, ámbar, me da igual: yo me fijo en la forma, tamaño, lo peculiar que tenga esa vista, que hace que sean esos ojos, y no un par más.
Pero no mi oído. Ah, no. Mi oído es un elitista. Solo ciertos patrones de sonidos lo satisfacen, ciertos arreglos armónicos a los que denomino "música". Música pueden ser las gotas contra el techo de chapa. Música puede ser el ronroneo de mi gata a coro con el crepitar de la estufa. Música puede ser una guitarra acústica y una voz, o un sintetizador y una batería. Música puede ser una lied élfica, interpretada por una filarmónica, o simplemente un tarareo de la voz más dulce. Solo se que si es hermoso es música.
O sino, piensen en el olfato: Uno puede percibir cosas que están en otra habitación tras puertas cerradas(la abuela cocinando) o incluso notar que algo estuvo, algo que ya no está en la casa siquiera, o hasta saber donde estuvo algo o alguien!
— ¿Fuiste a la playa?
—Ah, no. Esa era Rosita. Pasó a saludar.
¿Qué aromas les gusta a ustedes? Mi flor favorita es el jazmín. ¿El olor a nuevo de un libro? ¿El aroma del barniz de uñas? ¿El perfume que desprende la lluvia, cuando ha pasado tiempo sin llover? ¿Olerle el pelo a una Fräulein...?
¿Y que hay de los gustos? Es mi deber colocar en primer lugar un fuerte café. Un café con leche o crema, un toque de azúcar(lo justo), y una pisca de canela. Confucio decía que un buen cocinero tiene que dominar los cinco gustos: dulce, amargo, ácido, salado y picante. Me encantan los gustos fuertes, pero hay que saber dosificar. Para hacer un plato agridulce es mejor combinar sabores suaves. Ahora, si con la lengua se masajea un pesón ahí ya entramos en el tacto.
El tacto es el sentido más sensual. ¿Qué es lo más placentero del tacto sino una caricia? ¿Qué es el rose entre dos cuerpos sino una muestra del poder del tacto? Un poder donde el más mínimo contacto lanza una descarga eléctrica por la columna. Un beso, labio contra labio, tacto contra tacto, la lucha de dos lenguas enfrascadas en la travesía de sentir. Y podría ir más allá, pero mi punto está claro: Enjoy.
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domingo, 18 de septiembre de 2011
El ejercito de los corazones rotos
¿Como se supone que siga...?
Se levanta pesadamente del catre en que descansa a diario. Siempre se despierta con el costado izquierdo helado. Falta. Siempre falta...
¿Como se supone que viva...? Si no me queda vida en los huesos...
Se mira en el espejo roto que hay apoyado en una silla, en la misma silla que hay un cuenco con agua. Solía afeitarse mirando ese mismo rostro cansino y medio moribundo. Ya no peina sus ralos cabellos tampoco.
¿Como quieren que siga adelante...?
Las mismas botas que han dado esos pasos derruidos con él durante anhos son las que calza ahora. El mismo saco que ha sentido el peso del mundo sobre sí es el que cubre sus hombros ahora.
¿Como quieren que luche...? Si ya no tengo porque luchar...
Abre la puerta y un solo rayo de luz entra. Más polvo que luz se filtra por la desvencijada puerta de lata. Aún así cubre sus ojos con la manga del saco que en algún momento supo ser rojo y azul con detalles dorados. Sale a la intemperie para ver el mismo paisaje que ha evitado hasta en sueños. Pues frete a él se alza el ejercito de los corazones rotos.
Son los romanos luchando contra los bárbaros; son los zulus siendo exterminados por los británicos; son los egipcios luchando las tropas de Napoleón; son los españoles batallando contra los revolucionarios bolivarianos; son los austrohungaros de la primera guerra mundial; son los japoneses de la segunda; son los batallones de marines espaciales en el siglo XXII luchando contra fuerzas alienígenas; son los remanentes humanos defendiéndose de los robots; son un equipo antinarcóticos atrapado en medio de una fabela; son los cansados, los desposeídos, los maltrechos, los desmoralizados, los resignados; son el ejercito de los corazones rotos.
Ya no hay discurso que reanime a las tropas. Ya no hay refuerzos milagrosos que cambien el curso de la batalla. Ya no hay siquiera un tratado desesperado que les permita huir para volver a luchar. Ya no hay hogar al que volver. Ya no hay familia que los espere. Ya no hay esperanza. Son el ejercito de los corazones rotos.
Y como el general en su polvoriento uniforme, se enderezan. Se forman una ultima vez, en filas más o menos firmes. Con sus fusiles al hombro. Su familia son esos soldados a su al rededor. Ya solo luchan por sus camaradas, por el respeto al general, y por la determinación de que si se van a ir, se van a llevar a tantos enemigos como puedan. El general desenvaina un sable oxidado y apunta al frente. Apenas se lo ve con los primeros rayos matinales, haciéndose camino entre la bruma. Pero hoy cargaran por su honor. Pues son el ejercito de los corazones rotos...
Se levanta pesadamente del catre en que descansa a diario. Siempre se despierta con el costado izquierdo helado. Falta. Siempre falta...
¿Como se supone que viva...? Si no me queda vida en los huesos...
Se mira en el espejo roto que hay apoyado en una silla, en la misma silla que hay un cuenco con agua. Solía afeitarse mirando ese mismo rostro cansino y medio moribundo. Ya no peina sus ralos cabellos tampoco.
¿Como quieren que siga adelante...?
Las mismas botas que han dado esos pasos derruidos con él durante anhos son las que calza ahora. El mismo saco que ha sentido el peso del mundo sobre sí es el que cubre sus hombros ahora.
¿Como quieren que luche...? Si ya no tengo porque luchar...
Abre la puerta y un solo rayo de luz entra. Más polvo que luz se filtra por la desvencijada puerta de lata. Aún así cubre sus ojos con la manga del saco que en algún momento supo ser rojo y azul con detalles dorados. Sale a la intemperie para ver el mismo paisaje que ha evitado hasta en sueños. Pues frete a él se alza el ejercito de los corazones rotos.Son los romanos luchando contra los bárbaros; son los zulus siendo exterminados por los británicos; son los egipcios luchando las tropas de Napoleón; son los españoles batallando contra los revolucionarios bolivarianos; son los austrohungaros de la primera guerra mundial; son los japoneses de la segunda; son los batallones de marines espaciales en el siglo XXII luchando contra fuerzas alienígenas; son los remanentes humanos defendiéndose de los robots; son un equipo antinarcóticos atrapado en medio de una fabela; son los cansados, los desposeídos, los maltrechos, los desmoralizados, los resignados; son el ejercito de los corazones rotos.
Ya no hay discurso que reanime a las tropas. Ya no hay refuerzos milagrosos que cambien el curso de la batalla. Ya no hay siquiera un tratado desesperado que les permita huir para volver a luchar. Ya no hay hogar al que volver. Ya no hay familia que los espere. Ya no hay esperanza. Son el ejercito de los corazones rotos.
Y como el general en su polvoriento uniforme, se enderezan. Se forman una ultima vez, en filas más o menos firmes. Con sus fusiles al hombro. Su familia son esos soldados a su al rededor. Ya solo luchan por sus camaradas, por el respeto al general, y por la determinación de que si se van a ir, se van a llevar a tantos enemigos como puedan. El general desenvaina un sable oxidado y apunta al frente. Apenas se lo ve con los primeros rayos matinales, haciéndose camino entre la bruma. Pero hoy cargaran por su honor. Pues son el ejercito de los corazones rotos...
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jueves, 4 de agosto de 2011
Y trucos viejos a un perro nuevo?
Nadie escucho llegar al auto. El primer ruido que lo anunció fue el golpe al unisono de la suela de sus zapatos de cuero contra el asfalto. Se puso el sombrero, predió un cigarrillo y entró fumando al bar. Se le dibujó una sonrisa bajo el bigote ni bien cruzó la puerta. Paso despreocupado pero decidido se acercó a la barra
—Un Manhattan—Dijo, más con el índice que con la voz.
Lo escucharon llegar desde cosa de una cuadra, pero para cuando llegó ya se habían olvidado de él. El bastón golpeaba la vereda con más ímpetu que sus alpargatas. Bajo la boina asomaban unas cejas tan pobladas que se distinguía donde estaban sus ojos por el grueso marco de los lentes.
—Servime una grapa—Vociferó desde la puerta ya, pero para cuando llegó, la grapa, de haber sido un café , ya se habría enfriado.
El joven de traje gris y corbata meneó una risa mientras pedía otro Manhattan, y el viejo de tweed le dijo:
—Yo soy vos con unos años más, así que no te rías mocoso.
— ¿Y qué me hizo caer tan bajo, oh, voz de la sabiduría?
—Annabel—Le escupió, antes de tragarce la grapa de un golpe.
—Coincidencia fortuita, mi novia gosa ese mismo nombre-
—Tarado, que es la misma. ¿No te dije que sos yo?
—Pero... ¿por qué Annabel me va hacer caer en desgracia? ¡Ella me quiere con locura!
—El problema no fue ella, sino yo que también la quise con locura. No la pierdas pelotudo, que como yo vas a quedar de todas maneras—Le increpó mientras salía, dejándolo pasmado y pagando la cuenta por una vez.
—Un Manhattan—Dijo, más con el índice que con la voz.
Lo escucharon llegar desde cosa de una cuadra, pero para cuando llegó ya se habían olvidado de él. El bastón golpeaba la vereda con más ímpetu que sus alpargatas. Bajo la boina asomaban unas cejas tan pobladas que se distinguía donde estaban sus ojos por el grueso marco de los lentes.
—Servime una grapa—Vociferó desde la puerta ya, pero para cuando llegó, la grapa, de haber sido un café , ya se habría enfriado.
El joven de traje gris y corbata meneó una risa mientras pedía otro Manhattan, y el viejo de tweed le dijo:
—Yo soy vos con unos años más, así que no te rías mocoso.
— ¿Y qué me hizo caer tan bajo, oh, voz de la sabiduría?
—Annabel—Le escupió, antes de tragarce la grapa de un golpe.
—Coincidencia fortuita, mi novia gosa ese mismo nombre-
—Tarado, que es la misma. ¿No te dije que sos yo?
—Pero... ¿por qué Annabel me va hacer caer en desgracia? ¡Ella me quiere con locura!
—El problema no fue ella, sino yo que también la quise con locura. No la pierdas pelotudo, que como yo vas a quedar de todas maneras—Le increpó mientras salía, dejándolo pasmado y pagando la cuenta por una vez.
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sábado, 14 de mayo de 2011
Sin despedidas
Una carretera de tierra cruza de norte a sur una vía de tren que cruza de horizonte a horizonte. En el cruce se alza un precario edificio de madera pintada de azul marino, con techo a dos aguas de tejas verdeazuladas. Los tonos frescos resaltan en el desolado paisaje, como si hubieran plantado un oasis; los tonos dorados de las espigas en los campos, le gritan verano a los ocres y marrones rojizos de los árboles que ya suspiran otoño; incluso lo único que rompe el horizonte son unas montañas de tierra colorada. Junto a la estación hay una torre de acero oxidado, como una aguja clavada en un costado del cielo. Fue diseñada para ser un mástil de amarre de dirigibles. Junto a la cima en chuza se distinguen vagamente las escalerillas, y los sistemas de poleas y engranajes que permiten bajar a los pasajeros por la escalera de caracol que recorre el centro.
Solo hay dos operarios. Uno mira desde la taquilla con los párpados cansados, bigote finito, raya al medio, y un poncho color arena. El otro ronca en una silla junto a la ventana de la taquilla. La bulbosa nariz colorada hace juego con la barba roja, que a su vez parece tupida para compensar la cabellera rala y escasa. Casco de minero en la cabeza, mono color café, pies descalzos, con medias que en alguna época fueron blancas, y el dedo gordo del pie derecho asomando por un agujero, junto a la silla duermen una siesta las botas estilo militar.
Esa fue la imagen que recibió a Pasión y Respeto al llegar. Respeto se bajó primero para ayudar a Pasión. Traje gris humo, todo parejo, y de una pulcritud inlograble después de horas de cabalgar. Se quitó la capucha de la capa negra, y se subió los anteojos a la frente para que le sujetaran las rastas que bajaban hasta media espalda. Pasión montaba de costado por la larga pollera de su vestido blanco. Se quitó los anteojos y se los entregó a Respeto. Caminó con paso seguro hasta la taquilla, con las altas botas negras apenas asomando bajo el fruncido de la pollera. Llevaba una capellina blanca y varias tiras de cuero rojas ceñidas por hebillas de cobre; una cruzada oblicuamente desde arriba del hombro hasta bajo las costillas opuestas, otra en la cintura dando dos vueltas, otra en la cadera media ladeada a la izquierda, otra en el antebrazo derecho con cuatro vueltas, y una sobre el bíceps izquierdo con tres vueltas; con una chalina roja sobre los hombros.
—Hola, quiero un billete a Oniria.
— ¿De tren o de dirigible?
— ¿Cuál llega primero?
—El tren llega en un par de horas, el dirigible viene una vez a la semana. Hoy, pero no se cuando.
—Bueno, entonces esperaré, y compraré el que llegue primero.
—El billete de tren sale dos denarios, el de dirigible sale doce.
—Cambié de opinión. Quiero un billete de tren a Oniria.
El operario sonrió y le entregó el billete que tenía en la mano desde que los vio bajar del lince montes. Se sentaron a esperar en un banco de madera que daba a las vías. No había más sonido que el ronquido del otro operario y el zumbido de una mosca. El sol entibiaba el frió seco de modo intermitente entre las nubes. Pasaron las horas y ninguno había dicho palabra. Se ve el humo del tren que llega a la distancia.
—No vayas Pasión.
—Dame un motivo para no ir.
—Porque yo no quiero que vayas.
—Pero yo quiero ir.
—Quedate conmigo. Él no te merece. Si te hace sufrir nunca me perdonaré, y se que te hará sufrir. Conozco su tipo.
—Yo también se que me hará sufrir. Me hará sufrir tanto que la fuerza para mantenerme viva se escapará de mis miembros, y mi ser no me podrá mantener en pie un minuto más. Se que me hará sufrir porque lo amo con locura. Lo amo con toda la fuerza que mi corazón me permite y por eso se que me hará sufrir con tanta fuerza como pueda soportar antes de desfallecer. Pero valdrán la pena mil años de condena por un minuto de la felicidad que me provoca cada instante que está a mi lado. Así que lo amaré igual. Se que me hará sufrir porque se que lo voy a seguir amando hasta que él ya no me ame.
El tren llega. Respeto mira el suelo. Pasión se levanta del banco, camina lentamente a la puerta del tren y se sube sin mirar atrás. Respeto se coloca los anteojos y la capucha, y sale al galope al tiempo que el tren parte con destino al horizonte.
Solo hay dos operarios. Uno mira desde la taquilla con los párpados cansados, bigote finito, raya al medio, y un poncho color arena. El otro ronca en una silla junto a la ventana de la taquilla. La bulbosa nariz colorada hace juego con la barba roja, que a su vez parece tupida para compensar la cabellera rala y escasa. Casco de minero en la cabeza, mono color café, pies descalzos, con medias que en alguna época fueron blancas, y el dedo gordo del pie derecho asomando por un agujero, junto a la silla duermen una siesta las botas estilo militar.
Esa fue la imagen que recibió a Pasión y Respeto al llegar. Respeto se bajó primero para ayudar a Pasión. Traje gris humo, todo parejo, y de una pulcritud inlograble después de horas de cabalgar. Se quitó la capucha de la capa negra, y se subió los anteojos a la frente para que le sujetaran las rastas que bajaban hasta media espalda. Pasión montaba de costado por la larga pollera de su vestido blanco. Se quitó los anteojos y se los entregó a Respeto. Caminó con paso seguro hasta la taquilla, con las altas botas negras apenas asomando bajo el fruncido de la pollera. Llevaba una capellina blanca y varias tiras de cuero rojas ceñidas por hebillas de cobre; una cruzada oblicuamente desde arriba del hombro hasta bajo las costillas opuestas, otra en la cintura dando dos vueltas, otra en la cadera media ladeada a la izquierda, otra en el antebrazo derecho con cuatro vueltas, y una sobre el bíceps izquierdo con tres vueltas; con una chalina roja sobre los hombros.
—Hola, quiero un billete a Oniria.
— ¿De tren o de dirigible?
— ¿Cuál llega primero?
—El tren llega en un par de horas, el dirigible viene una vez a la semana. Hoy, pero no se cuando.
—Bueno, entonces esperaré, y compraré el que llegue primero.
—El billete de tren sale dos denarios, el de dirigible sale doce.
—Cambié de opinión. Quiero un billete de tren a Oniria.
El operario sonrió y le entregó el billete que tenía en la mano desde que los vio bajar del lince montes. Se sentaron a esperar en un banco de madera que daba a las vías. No había más sonido que el ronquido del otro operario y el zumbido de una mosca. El sol entibiaba el frió seco de modo intermitente entre las nubes. Pasaron las horas y ninguno había dicho palabra. Se ve el humo del tren que llega a la distancia.
—No vayas Pasión.
—Dame un motivo para no ir.
—Porque yo no quiero que vayas.
—Pero yo quiero ir.
—Quedate conmigo. Él no te merece. Si te hace sufrir nunca me perdonaré, y se que te hará sufrir. Conozco su tipo.
—Yo también se que me hará sufrir. Me hará sufrir tanto que la fuerza para mantenerme viva se escapará de mis miembros, y mi ser no me podrá mantener en pie un minuto más. Se que me hará sufrir porque lo amo con locura. Lo amo con toda la fuerza que mi corazón me permite y por eso se que me hará sufrir con tanta fuerza como pueda soportar antes de desfallecer. Pero valdrán la pena mil años de condena por un minuto de la felicidad que me provoca cada instante que está a mi lado. Así que lo amaré igual. Se que me hará sufrir porque se que lo voy a seguir amando hasta que él ya no me ame.
El tren llega. Respeto mira el suelo. Pasión se levanta del banco, camina lentamente a la puerta del tren y se sube sin mirar atrás. Respeto se coloca los anteojos y la capucha, y sale al galope al tiempo que el tren parte con destino al horizonte.
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Caliburnus
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sufrieron
achaques románticos,
parafrenia literaria
miércoles, 16 de marzo de 2011
Points of release
![]() |
| Parece a punto de dar un beso... |
—Sí, sí, todo muy bonito, pero dejame levantar y peinarme.
—Pero te traje el desayuno a la cama...
—¡Llevalo a la mesa! —Me dijo camino al baño.
Y colgada de la puerta con el peine aun en la mano me dijo—Y desayunamos juntos—Y me guiñó el ojo...
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martes, 8 de febrero de 2011
Sucumbir a un Sucubo
Uno lucha, uno tiene, uno quiere, uno va, uno viene, uno se mantiene, uno corre, uno camina, uno tropieza, uno lastima, uno come, uno toma, uno embriaga, uno embarga, uno lanza, uno carga, uno vuelve, uno huye, uno sufre, uno destruye, uno tiembla, y se escabulle, uno siente, y no siente mucho más, uno quiere, pero no quiere, porque lo quieren, y quiere cuando no lo quieren, porque quiere de verdad, uno cava su propia tumba, uno camina sus propios pasos, uno tropieza con sus propios errores, uno siembra nuevos tropiezos, uno paga derechos de piso, uno definitivamente no aprende, solo encuentra nuevas maneras de cometer el mismo error.Perdí, y ahora no voy a volver a jugar. No. Dicen que no es ganar o perder sino competir, pero eso dicen los que ganan a veces al menos, o los que no les importa perder. Pero yo no quiero jugar. No, no más. Ya jugué, ya gane, ya perdí, ya empaté, ya aposté, ya perdí de nuevo... Ya no quiero jugar, quiero ganar. Pero si bien ganar no es lo que importa, ganar es lo que no se logra sin jugar al menos. Así que me quedo en la banca y solo será un amistoso. Cosa que nadie salga herido...
Uno intenta, pero otros no tanto. Uno intenta salir antes, pero otros lo llevan de nuevo a donde no quería, solo para que al final uno esté donde no quería. Sucumbir ante la tentación? Y si el problema es que la tentación no te sucumbe? Enjaulado en la piel sin poder salir a tomar aire al interior de la jaula. Mirando, tocando, oliendo, lamiendo, pero no sintiendo... Ay de ti que no me tienes, pero ay de mi que no me tengo tampoco. Un robot que juega a ser persona. Un vampiro que recuerda retozar al sol. Un alíen que quiere respirar oxigeno y se ahoga.
Música que se siente
Era una de esas...
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Caliburnus
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miércoles, 15 de diciembre de 2010
Era una de esas
De las que te hacen feliz con solo tenerla ahí; de las que queres hacer sonreír solo por verla feliz, y devolverle algo de lo que te da por estar a tu lado, de las que te dicen de verse y vos vas aunque tengas un examen al otro día, estés sin dormir, con resaca y tu madre enferma, estas ahí en hora y la terminas esperando a ella; de las que irías a buscar a pie a Japón; de las que te aprendes desde su canción favorita, hasta el cumpleaños de su perro, pasando por cual es su vestido favorito; de las que ves mordiendo el lápiz mientras estudia y pensas "que linda que sos"; de las que podes pasar ocho horas hablando de corrido y cuando queres acordar ni sabes que hora es y no te importa; de las que les gusta pasar el tiempo con vos, aunque sea solo caminar y conversar, y en realidad no están haciendo nada; de las que le ves un supuesto defecto, como la nariz aguileña, o los dientes chuecos y vos solo ves un detalle lindo que la hace un poco mas única; de las que lloran con una película romántica re pelotuda, y los dos sabían desde el principio que iba a terminar así, y le decís y dice "no estoy llorando"; de las que te hacen reír de verdad, de las que te dan un abraso y no queres que ese segundo termine jamas; de las que realmente duelen, de las que lloras como si estuvieras en una fabrica de jugo de cebolla; de las que no te sacas así como así de la cabeza; de las que dabas por sentado que iba a ser para siempre, o al menos ni pensabas que se fuera a acabar; de las que duelen en serio; de las que te sorprendes pensando en ella en cualquier momento; de las que extrañas de verdad, y de golpe pensas "¿qué estará haciendo ahora?"; de las que precisas un bar entero solo para llorarla con mas fuerza, porque el alcohol no hace que dejes de pensar en como duele, en cuanto la extrañas; de las que te hacen pensar en QUE tenes mal; de las que te hacen pensar que TENES algo mal, que no la mereces; de "las" que solo hay una...
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