Baja con paso confiado y despliega la silla. Saca su tabla y su lápiz, y se sienta a dibujar. Primero mira hacia el horizonte, a la inmensidad del mar que se despliega ante sus ojos; las arremolinadas ondas que los antiguos sabiamente llamaron olas, los destellos plateados que el astro rey arranca de las mismas, las sombras que proyectan las nubes al surcar el cielo. Y ahí los ve: los barcos, majestuosos, poderosos, solemnes, imponentes, gargantuescos. Dejando una perezosa estela en el agua. Sus lentos movimientos son testigo de su inmensidad, pues obvio es que corren velozmente sobre el mar. Ah, como hubiera dado su brazo izquierdo por poder controlar tanta inmensidad. Nunca iba a dejar de asombrarse de como cientos de toneladas de acero pudieran permanecer ingrávidos sobre la implacable superficie. Jamas dejaría de maravillarse con tal despliegue de poderío humano.
Baja la vista a la hoja ya no en blanco, sino surcada por olas. Apoya el lápiz en la lisa superficie y deja que el paisaje se vaya dibujando solo. Pero la fuerza de los barcos se hace presente, dejando su colosal huella en perspectiva; mirando desde arriba empequeñeciendo todo cuanto los rodea. Pero esa fuerza es constructiva, y serena se alza contra las fuerzas opositoras, en paz. Pasa la oja y deja que una fuerza más salvaje golpee la tabla: olas arremolinándose contra una escollera, el soplo del viento implacable en plena tormenta, y en medio de la hecatombe, un faro se yergue irresoluto. Ah, la luz solitaria, el único auxilio en la oscuridad del mar abierto.
Ya el lápiz descansa de nuevo en su regazo. Abre sus ojos.
—Un mar purpura.
—Qué más.
—Barcos, pero eran barcos y monstruos marinos a la vez. No, monstruos no, más bien ballenas, o heraldos divinos, no...
—Rápido. ¿Qué más viste!
—Las nubes, el sol, dibujaban en el mar. Eran los crayones con los que yo dibujaba en el papel...
—No, no, algo más tiene que haber, algo importante.
—¡El faro! Sí, el faro era algo... ¡Ah! Como odio olvidar las cosas tan rápido después del sueño.
—No, no, concéntrate, el faro, qué era el faro. ¡Vamos, el faro! ¡Qué pasaba con el faro!
—El faro, el faro... ¡Sí! Los barcos eran como guardianes, que se aseguraban que la paz se mantuviera, pero el faro era como un protector, que trataba de instaurar un poco de estabilidad en un mundo de caos. ¡Los barcos iban al faro por consuelo! Y si los barcos eran ángeles guardianes, el faro era, sino un dios un semidiós.
—Bien, bien, eso sí es más útil. Ya ves como con la práctica lo vas controlando. ¿Te fue útil lo de dibujar?
—Como no te haces una idea. Yo estaba en una playa de arenas esmeralda, el faro lo dibujé.
—¡Muy bien! Estas demostrando ese talento que convenció al consejo para que te enviaran conmigo. Sabemos que tienen jerarquía. Ahora lo que tenemos que averiguar es quién es el faro, esa luz de esperanza que los guía, y hacerlo caer.
—Conécteme de nuevo. Quiero probar a sondear más profundo.
—No olvides que la información viaja en dos sentidos...
En el reducido espacio del camarote, a la luz rojisa que se usa siempre en los submarinos para no encandilarse al salir de nuevo a la superficie, el capitán coloca los pedipalpos de la maquina del sueño junto a las cienes del teniente. El teniente se recuesta, cierra los ojos y los fija en el fondo del barco que flota sobre ellos. Sondea. Sondea en busca del capitán, el faro, el guía de esas pobre almas soñadoras. Y de golpe...
Un rey viaja en su trono. Su trono es un castillo entero, que al mismo tiempo es una colina, cuya cima es un trono. Y el trono viaja por la infinidad que lo rodea. Una infinidad blanca y lechosa. Una bandada de gaviotas los sigue, y las más confianzudas se posan en sus hombros. Pero los peligros saltan de entre la niebla que es la mar en la que flotan, saltan como tiburones o como cocodrilos en busca de una presa que se posó demasiado tiempo en el agua.
Él lo ve. Lo ve pasar en su trono de piedra, en la cima de su castillo flotante. Él lo ve pasar parado en un banco de arena. Apoya su pértiga en el fondo y el banco sigue al castillo mansamente, como una góndola deslizándose por un canal. ¿Quién es? ¿Qué rostro tiene el capitán? Aprieta el paso y alcanza el castillo. Lo pasa y mira hacia atrás. El capitán... ¡El capitán!
Despierta.
—Estamos en problemas.
—¿Qué viste?
—Usted piloteaba el castillo.
—¿Qué castillo?
—El castillo flotante, el barco. Las gaviotas eran los tripulantes, pero el capitán no era su capitán, sino usted.
—Él soñó con mi rostro.
—Sí.
Un marino entra corriendo al camarote y advierte al capitán: algo enorme se divisa en el radar. Se escucha un golpe en la cubierta del submarino.
—Sí, estamos en problemas teniente.
Explico mis alucinaciones diarias en un lenguaje que un humano (espero) sepa comprender
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martes, 3 de abril de 2012
El vaivén de las olas
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Parafrenico de turno
Caliburnus
pirando a las
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parafrenia literaria
jueves, 29 de marzo de 2012
se realiza la incisión
—Bueno, entonces naciste en una estación espacial, la mitad de tu cuerpo son partes reboticas, tenes una hermana gemela que ES un robot, y creciste en una base científica en la Antártida. ¿Voy bien?
—En realidad es bastante impreciso su resumen, pero lo toleraré si simplemente me cita en el artículo.
—Bien, me parece justo. Bueno, ¿por qué fue necesario que te criaran en una base en medio de la nada? ¿Era para mantener secreta tu existencia o algo así?
—Eh, no. Mis padres se mudaron en los noventas cuando la fundación Agora se estableció en territorio neutro. Como ya debe saber, la Antártida fue declarado el continente científico, y no pertenece a ninguna nación, exceptuando ciertas parcelas. Mis padres decidieron renunciar a sus nacionalidades como hicieron la gran mayoría de los científicos que fueron a vivir a la base.
— ¿Para qué?
—La idea era crear una utopía, una nación solo de científicos. Congregar las mejores mentes del mundo en un espacio confinado junto a tantas otras mentes brillantes, con los mejores equipos y sin motivación alguna excepto la innovación científica per se. El gesto de renunciar a las nacionalidades representaba tomar al Agora como tu nueva nación.
—Entiendo eso, pero digo ¿para qué se mudaron a la Antártida tus padres si eran expertos en robots?
—Es un buen punto. Ellos simplemente podían haber trabajado en cualquier lugar del mundo, y en la base de Agora tenían acceso a los mejores equipos y colegas. Además de que eran participes del espíritu del Agora.
—Ok, ok. Y tu... ¿hermana?
—La mayoría de los científicos que tenían hijos simplemente volvían a sus países para que estos tuvieran una educación normal. Y luego estaban los que habían participado del mismo proyecto que mis padres, los cuales tenían o hijos fallecidos o en el espacio. Yo soy la única que sobrevivió un aterrizaje, y soy la única humana nacida en el espacio que hoy día vive en la tierra.
—Así que no había otros niños para que jugaras mientras crecías.
—Mis padres creían en dar el ejemplo, y decidieron criarme en la base para que la gente dejara de irse cuando un embarazo se hacía patente entre la comunidad. Pero llegado cierto punto fue obvio que no podía seguir jugando con tubos de ensayo y capsulas de petri, y que no era saludable para mi psique que mi mejor amigo fuera un bioquímico con asperger, que aún sospechamos si no se enamoró de mí.
Mi hermana nació como un experimento al igual que yo. Al principio era como una mascota mía. La construyeron con un cuerpo correlativo al mio, para que pudiera acompañarme en mis actividades recreativas. Pero a medida que yo crecía, ella debía reemplazar su cuerpo por uno nuevo. Mi padre puso mucho empeño en ella, y recuerdo que cuando yo tenía no más de once años, el profesor Bauer fue incapaz de diferenciar cual era cual en cierta ocasión que mi hermana me acompañaba en hacer la mímica de dormir una siesta.
—Esto es francamente fascinante señorita-
—De hecho la palabra señorita fue removida del idioma español por la RAE, así que tecnicamente debería referirse a mi como señora.
— ¿Sos así de quisquillosa con el idioma español por crecer entre científicos o por crecer entre robots y computadoras?
—En realidad en la base solo se habla esperanto. Soy "así de quisquillosa con el idioma español" porque lo aprendí de adulta.
—En realidad es bastante impreciso su resumen, pero lo toleraré si simplemente me cita en el artículo.
—Bien, me parece justo. Bueno, ¿por qué fue necesario que te criaran en una base en medio de la nada? ¿Era para mantener secreta tu existencia o algo así?
—Eh, no. Mis padres se mudaron en los noventas cuando la fundación Agora se estableció en territorio neutro. Como ya debe saber, la Antártida fue declarado el continente científico, y no pertenece a ninguna nación, exceptuando ciertas parcelas. Mis padres decidieron renunciar a sus nacionalidades como hicieron la gran mayoría de los científicos que fueron a vivir a la base.
— ¿Para qué?
—La idea era crear una utopía, una nación solo de científicos. Congregar las mejores mentes del mundo en un espacio confinado junto a tantas otras mentes brillantes, con los mejores equipos y sin motivación alguna excepto la innovación científica per se. El gesto de renunciar a las nacionalidades representaba tomar al Agora como tu nueva nación.
—Entiendo eso, pero digo ¿para qué se mudaron a la Antártida tus padres si eran expertos en robots?
—Es un buen punto. Ellos simplemente podían haber trabajado en cualquier lugar del mundo, y en la base de Agora tenían acceso a los mejores equipos y colegas. Además de que eran participes del espíritu del Agora.
—Ok, ok. Y tu... ¿hermana?
—La mayoría de los científicos que tenían hijos simplemente volvían a sus países para que estos tuvieran una educación normal. Y luego estaban los que habían participado del mismo proyecto que mis padres, los cuales tenían o hijos fallecidos o en el espacio. Yo soy la única que sobrevivió un aterrizaje, y soy la única humana nacida en el espacio que hoy día vive en la tierra.
—Así que no había otros niños para que jugaras mientras crecías.
—Mis padres creían en dar el ejemplo, y decidieron criarme en la base para que la gente dejara de irse cuando un embarazo se hacía patente entre la comunidad. Pero llegado cierto punto fue obvio que no podía seguir jugando con tubos de ensayo y capsulas de petri, y que no era saludable para mi psique que mi mejor amigo fuera un bioquímico con asperger, que aún sospechamos si no se enamoró de mí.
Mi hermana nació como un experimento al igual que yo. Al principio era como una mascota mía. La construyeron con un cuerpo correlativo al mio, para que pudiera acompañarme en mis actividades recreativas. Pero a medida que yo crecía, ella debía reemplazar su cuerpo por uno nuevo. Mi padre puso mucho empeño en ella, y recuerdo que cuando yo tenía no más de once años, el profesor Bauer fue incapaz de diferenciar cual era cual en cierta ocasión que mi hermana me acompañaba en hacer la mímica de dormir una siesta.
—Esto es francamente fascinante señorita-
—De hecho la palabra señorita fue removida del idioma español por la RAE, así que tecnicamente debería referirse a mi como señora.
— ¿Sos así de quisquillosa con el idioma español por crecer entre científicos o por crecer entre robots y computadoras?
—En realidad en la base solo se habla esperanto. Soy "así de quisquillosa con el idioma español" porque lo aprendí de adulta.
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lunes, 26 de marzo de 2012
Con precisión quirúrgica
—Bien, empezá por contarme de donde sos bien.
—Bueno, es complicado.
— ¿Qué tan complicado puede ser?
—Mire, mis dos padres renunciaron a su nacionalidad y crecí en territorio de la Antártida considerado como "neutral" Técnicamente no tengo nacionalidad.
—Bueno, pero sos de la Antártida entonces. ¡Eso es genial por cierto!
—No nací ahí...
—A ver, sorprendeme.
—Fui concebida y nací en una estación espacial.
—No te puedo creer... Pero, ¿eso no te afectó de alguna manera...?
—Afectar no se si sea el termino correcto. Puede que "atentar contra mi existencia" sea un poco más preciso. Mis padres participaron en un programa especial de concepción en gravedad cero. Ya se había logrado un orangután en el espacio. Mi madre tenía que mantenerse en una especie de centrífuga para que mi feto se fortaleciera.
El mayor riesgo fue obviamente en el reingreso. Tenía seis semanas. Podrían haber esperado un par de años, pero mis padres no querían que yo creciera en gravedad cero (ya era un ser humano a ese punto) y prefirieron arriesgarse a que pasara lo que pasó, a que ya más tarde fuera peor y ya no pudiera vivir en la tierra porque mis huesos no pudieran soportar el peso de mi cuerpo, entre otros problemas.
— ¿Qué fue lo que pasó?
—Mi corazón falló, reventaron muchas arterias y vasos, y perdí un ojo incluso.
— ¡Dios mio!
—Dios no tuvo nada que ver con eso.
— ¿Odias a tus padres?
—Pero ¿por qué habría de odiarlos??
—Por concebirte en el espacio y hacerte pasar por eso solo por un experimento. Por jugar contigo como si de una rata de laboratorio se tratase.
—No, en absoluto. Les debo mi vida. Si ellos no hubieran querído participar en ese experimento yo no estaría aquí y ahora.
— ¿Pero no hubieras preferido que simplemente tuvieran una hija en tierra como una pareja normal? ¿No te parece que es un poco irresponsable de su parte jugar así con una vida humana aún no nacida? O sea, solo porque ellos sean tus padres no quiere decir que sean tus dueños. Tenes derechos como todos los demás, y tener hijos no es como ir al super y comprar una mascota. ¡Son seres humanos!
—Primero que nada, no veo que sea malo lo que hicieron. Después de todo, las experiencias de vida de cada uno nos moldean y son lo que nos hacen ser lo que somos. Sí, si mis padres me hubieran tenido en tierra sería más fuerte y no tendría estas prótesis mecatronicas, y si no hubiera crecido en una base científica probablemente no tendría TOC, agorafobia ni misofobia; pero también podríamos especular sobres si mis padres hubieran tenido sexo una semana después, con otro juego de espermatozoides, no sería yo, sería otra persona la que estaría viva, o tal vez no estuviera viva ya, y ni idea de si estaría aquí y ahora.
—Ok, sí, eso te hizo ser quien sos, pero me sigue pareciendo que es jugar con la vida de una persona y no respetar los derechos que-
—SEGUNDO No tenemos derechos por el simple hecho de ser seres humanos. Tenemos derechos porque nuestros padres nos los brindan, tenemos derechos porque la sociedad en que vivimos los incentiva a ellos, tenemos derechos porque se hizo una convención donde se decidieron cuales son los derechos inalienables de cada ser humano que nazca en la tierra. Yo tengo derechos porque mis abuelos les inculcaron a mis padres que tenían que respetarme, porque donde yo crecí no había policía, ni asistentes sociales, ni orfanatos. Y aún así me criaron como toda una señorita y hasta me dieron una hermana gemela para que me ayudara a desarrollarme y no me sintiera sola.
— ¿Tenes una hermana gemela? Medio que eso no se si lo decidieron tus padres, no se que tan agradecida deberías estar. ¡Yo estoy un poco más indignado por saber que hicieron pasar a dos criaturas por eso en lugar de a una sola!
—No, no, no has entendido. Mi madre es ingeniera en computación, y tiene un doctorado en inteligencia artificial, y mi padre es ingeniero en mecatrónica y tiene una maestría en robots antropomorfos. Mi propio padre trabajó en las prótesis que llevo. No puedo decir como tantos otros humanos que lo único que mi padre aportó fue su esperma. Pero para mi hermana mi madre aportó su mente y mi padre su cuerpo.
—O sea que... tu... hermana... es un... ¿robot?
—No, es un ciborg igual que yo. En mi caso soy principalmente humana; mi corazón, ojo izquierdo, mis piernas, mano derecha, brazo izquierdo y oídos son prótesis mecatrónicas. Mi hermana es principalmente androide, pero tiene papilas gustativas, piel, fosas nasales, un sistema respiratorio, digestivo y sanguíneo para mantener con vida es resto. Incluso consiguió una vulva a escondidas de mis padres, pero no le digas a nadie.
—Ok, eso fue realmente demasiada información... Creo que tengo que sentarme...
—Bueno, es complicado.
— ¿Qué tan complicado puede ser?
—Mire, mis dos padres renunciaron a su nacionalidad y crecí en territorio de la Antártida considerado como "neutral" Técnicamente no tengo nacionalidad.
—Bueno, pero sos de la Antártida entonces. ¡Eso es genial por cierto!
—No nací ahí...
—A ver, sorprendeme.
—Fui concebida y nací en una estación espacial.
—No te puedo creer... Pero, ¿eso no te afectó de alguna manera...?
—Afectar no se si sea el termino correcto. Puede que "atentar contra mi existencia" sea un poco más preciso. Mis padres participaron en un programa especial de concepción en gravedad cero. Ya se había logrado un orangután en el espacio. Mi madre tenía que mantenerse en una especie de centrífuga para que mi feto se fortaleciera.
El mayor riesgo fue obviamente en el reingreso. Tenía seis semanas. Podrían haber esperado un par de años, pero mis padres no querían que yo creciera en gravedad cero (ya era un ser humano a ese punto) y prefirieron arriesgarse a que pasara lo que pasó, a que ya más tarde fuera peor y ya no pudiera vivir en la tierra porque mis huesos no pudieran soportar el peso de mi cuerpo, entre otros problemas.
— ¿Qué fue lo que pasó?
—Mi corazón falló, reventaron muchas arterias y vasos, y perdí un ojo incluso.
— ¡Dios mio!
—Dios no tuvo nada que ver con eso.
— ¿Odias a tus padres?
—Pero ¿por qué habría de odiarlos??
—Por concebirte en el espacio y hacerte pasar por eso solo por un experimento. Por jugar contigo como si de una rata de laboratorio se tratase.
—No, en absoluto. Les debo mi vida. Si ellos no hubieran querído participar en ese experimento yo no estaría aquí y ahora.
— ¿Pero no hubieras preferido que simplemente tuvieran una hija en tierra como una pareja normal? ¿No te parece que es un poco irresponsable de su parte jugar así con una vida humana aún no nacida? O sea, solo porque ellos sean tus padres no quiere decir que sean tus dueños. Tenes derechos como todos los demás, y tener hijos no es como ir al super y comprar una mascota. ¡Son seres humanos!
—Primero que nada, no veo que sea malo lo que hicieron. Después de todo, las experiencias de vida de cada uno nos moldean y son lo que nos hacen ser lo que somos. Sí, si mis padres me hubieran tenido en tierra sería más fuerte y no tendría estas prótesis mecatronicas, y si no hubiera crecido en una base científica probablemente no tendría TOC, agorafobia ni misofobia; pero también podríamos especular sobres si mis padres hubieran tenido sexo una semana después, con otro juego de espermatozoides, no sería yo, sería otra persona la que estaría viva, o tal vez no estuviera viva ya, y ni idea de si estaría aquí y ahora.
—Ok, sí, eso te hizo ser quien sos, pero me sigue pareciendo que es jugar con la vida de una persona y no respetar los derechos que-
—SEGUNDO No tenemos derechos por el simple hecho de ser seres humanos. Tenemos derechos porque nuestros padres nos los brindan, tenemos derechos porque la sociedad en que vivimos los incentiva a ellos, tenemos derechos porque se hizo una convención donde se decidieron cuales son los derechos inalienables de cada ser humano que nazca en la tierra. Yo tengo derechos porque mis abuelos les inculcaron a mis padres que tenían que respetarme, porque donde yo crecí no había policía, ni asistentes sociales, ni orfanatos. Y aún así me criaron como toda una señorita y hasta me dieron una hermana gemela para que me ayudara a desarrollarme y no me sintiera sola.
— ¿Tenes una hermana gemela? Medio que eso no se si lo decidieron tus padres, no se que tan agradecida deberías estar. ¡Yo estoy un poco más indignado por saber que hicieron pasar a dos criaturas por eso en lugar de a una sola!
—No, no, no has entendido. Mi madre es ingeniera en computación, y tiene un doctorado en inteligencia artificial, y mi padre es ingeniero en mecatrónica y tiene una maestría en robots antropomorfos. Mi propio padre trabajó en las prótesis que llevo. No puedo decir como tantos otros humanos que lo único que mi padre aportó fue su esperma. Pero para mi hermana mi madre aportó su mente y mi padre su cuerpo.
—O sea que... tu... hermana... es un... ¿robot?
—No, es un ciborg igual que yo. En mi caso soy principalmente humana; mi corazón, ojo izquierdo, mis piernas, mano derecha, brazo izquierdo y oídos son prótesis mecatrónicas. Mi hermana es principalmente androide, pero tiene papilas gustativas, piel, fosas nasales, un sistema respiratorio, digestivo y sanguíneo para mantener con vida es resto. Incluso consiguió una vulva a escondidas de mis padres, pero no le digas a nadie.
—Ok, eso fue realmente demasiada información... Creo que tengo que sentarme...
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Caliburnus
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sábado, 24 de marzo de 2012
Switch!
Edmundo labraba el campo con el arado de su padre, tirado por el caballo de su tío. Había llovido la noche anterior y tenía barro hasta las canillas, y a las siete de la mañana solo el arduo trabajo lo ayudaba a mantener el calor corporal. No tenía más opción que arar de sol a sol. Su padre y sus hermanos estaban trabajando también. En realidad podía solo no hacerlo, pero eso hubiera significado que su padre le diera una paliza con la hebilla del cinto de sol a sol. Se tenía que hacer rápido, cosa de poder plantar rápido las papas, cosa de que crezcan lo antes posible y poderlas vender para comprar todo lo que no fuera papa que precisaban para vivir, como ropa, o carne. Sí, tenían plantado zapallo, boniato y otras cosas, pero no tenían campo de pastoreo como para mantener vacas y ovejas, así que no tenían ni leche, ni carne, ni lana. Y eso por dar un ejemplo, que las ollas no crecen en los árboles tampoco. Un par de árboles frutales si tenían, un par de manzanos, perales, higueras, etc. Y unas cuantas gallinas también. Leña simplemente buscaban en el monte.
Todo esto pensaba Edmundo para motivarse y seguir trabajando. Y entonces ocurrió. No hubo chispas ni rayos, ni luces danzantes, ni un túnel en espiral, ni relojes rompiéndose, ni un almanaque al que las hojas se le caen, ni básicamente nada. Fue como si hubiera parpadeado y de golpe el campo se llenó de casas, y el arado desapareció. Así, como si no se hubiera dado cuenta y hubiera estado durmiendo todo el tiempo, y solo se diera cuenta al despertarse. Obviamente quedó desconcertado al instante, pero lo abrupto del cambio hizo que no se asustara.
— ¿Hola? — Articuló levemente.
—Hola— Le contestó una mujer que pasaba por la vereda.
—Esto... ¿Dónde estoy?
—Esta es Convención, y aquella es Irurtia. ¿O pregunta por el barrio?
—No, digo... O sea... Perdone, es que no entiendo nada. Yo hace un minuto estaba arando el campo que arrendamos y de golpe estoy acá. ¿DÓNDE estoy?
—Este... A ver, quédese tranquilo. ¿Toma algún tipo de medicación?
— ¿Eh? No, ¿eso que tiene que ver con algo?
— ¡Oficial! A ver, el señor policía lo va a ayudar.
El policía lo primero que le pregunta es su nombre, nacionalidad, fecha de nacimiento...
— ¿Cómo que 1896? ¿No será mil NOVECIENTOS noventa y seis?
— ¿Eh? Pero si estamos a mil novecientos doce recién, ¿de qué me habla?
Y veinte minutos después ya estaba Edmundo camino a un hospital psiquiátrico, donde permaneció un par de días en observación, mientras llegaban los resultados del sistema con la identidad del muchacho. Es solo cuestión de corroborar las huellas digitales con las del banco. Lo primero que hicieron, obviamente fue compararlas con las de un tal Edmundo Araus, pero en el sistema salía que nació efectivamente en 1896 y desapareció el veinticuatro de marzo del año mil novecientos doce, por lo tanto sus huellas no se encontraban digitalizadas. Cuando el psiquiatra aseguró que no tenía rastro de problemas mentales, excepto un total desconocimiento de todo lo referente a la vida actual, y esa noción de estar cien años antes de la fecha, esquizofrenia fue el diagnostico del jefe del hospital, aún cuando no tenía el perfil.
Llegado este punto, un cierto oficial, no tan escéptico como el resto del cuerpo, decidió comparar las huellas del sujeto con las del Edmundo del archivo. Y valla sorpresa cuando fueron prácticamente iguales. El jefe del hospital mantuvo su postura de no hacerle saber, porque eso solo incentivaría su comportamiento psicótico, pero en vista que no tenía parientes que lo visitaran, el oficial decidió hacer uso de dichos privilegios.
—Así que estamos a dos mil doce. El mismo lugar donde crecí, pero cien años en el futuro.
—Bueno, técnicamente es el presente.. ¿Qué es lo último que te acordas?
—Estar arando el campo que le arrienda mi padre a Don Zoilo, con el arado de mi padre y el caballo de mi tío.
—Bueno, la verdad no tengo ni la más remota idea de como llegaste a acá-digo, a ahora. Pero yo en tu lugar solo decía que estamos a dos mil doce y que te suelten.
—Pero no se nada del futuro. Si me preguntan quién es el presidente no tengo ni idea.
—No te preocupes, que eso es normal en cualquiera de tu edad mijo.
—O sea que toda mi familia ya ha muerto...
En eso le suena el celular al policía. El desconcierto dio paso a la curiosidad, y cuando le empezó a mostrar todos los cachivaches que tenía el sencillo celular del policía, medio que se olvidó de todo lo que había perdido, por todo lo que podía haber ganado. Dos días más tarde y Edmundo se iba a vivir con el policía y su mujer. (Ella perdió su primer embarazo y ahora no podían tener hijos). Edmundo no había hecho más de tercero de escuela, así que el oficial lo mandó a hacer nocturna.
Mientras tanto, en 1912, en un campo embarrado, un hombre de traje y corbata trata inútilmente de buscar señal con su celular, mientras un caballo pasta a unos metros de distancia...
Todo esto pensaba Edmundo para motivarse y seguir trabajando. Y entonces ocurrió. No hubo chispas ni rayos, ni luces danzantes, ni un túnel en espiral, ni relojes rompiéndose, ni un almanaque al que las hojas se le caen, ni básicamente nada. Fue como si hubiera parpadeado y de golpe el campo se llenó de casas, y el arado desapareció. Así, como si no se hubiera dado cuenta y hubiera estado durmiendo todo el tiempo, y solo se diera cuenta al despertarse. Obviamente quedó desconcertado al instante, pero lo abrupto del cambio hizo que no se asustara.
— ¿Hola? — Articuló levemente.
—Hola— Le contestó una mujer que pasaba por la vereda.
—Esto... ¿Dónde estoy?
—Esta es Convención, y aquella es Irurtia. ¿O pregunta por el barrio?
—No, digo... O sea... Perdone, es que no entiendo nada. Yo hace un minuto estaba arando el campo que arrendamos y de golpe estoy acá. ¿DÓNDE estoy?
—Este... A ver, quédese tranquilo. ¿Toma algún tipo de medicación?
— ¿Eh? No, ¿eso que tiene que ver con algo?
— ¡Oficial! A ver, el señor policía lo va a ayudar.
El policía lo primero que le pregunta es su nombre, nacionalidad, fecha de nacimiento...
— ¿Cómo que 1896? ¿No será mil NOVECIENTOS noventa y seis?
— ¿Eh? Pero si estamos a mil novecientos doce recién, ¿de qué me habla?
Y veinte minutos después ya estaba Edmundo camino a un hospital psiquiátrico, donde permaneció un par de días en observación, mientras llegaban los resultados del sistema con la identidad del muchacho. Es solo cuestión de corroborar las huellas digitales con las del banco. Lo primero que hicieron, obviamente fue compararlas con las de un tal Edmundo Araus, pero en el sistema salía que nació efectivamente en 1896 y desapareció el veinticuatro de marzo del año mil novecientos doce, por lo tanto sus huellas no se encontraban digitalizadas. Cuando el psiquiatra aseguró que no tenía rastro de problemas mentales, excepto un total desconocimiento de todo lo referente a la vida actual, y esa noción de estar cien años antes de la fecha, esquizofrenia fue el diagnostico del jefe del hospital, aún cuando no tenía el perfil.
Llegado este punto, un cierto oficial, no tan escéptico como el resto del cuerpo, decidió comparar las huellas del sujeto con las del Edmundo del archivo. Y valla sorpresa cuando fueron prácticamente iguales. El jefe del hospital mantuvo su postura de no hacerle saber, porque eso solo incentivaría su comportamiento psicótico, pero en vista que no tenía parientes que lo visitaran, el oficial decidió hacer uso de dichos privilegios.
—Así que estamos a dos mil doce. El mismo lugar donde crecí, pero cien años en el futuro.
—Bueno, técnicamente es el presente.. ¿Qué es lo último que te acordas?
—Estar arando el campo que le arrienda mi padre a Don Zoilo, con el arado de mi padre y el caballo de mi tío.
—Bueno, la verdad no tengo ni la más remota idea de como llegaste a acá-digo, a ahora. Pero yo en tu lugar solo decía que estamos a dos mil doce y que te suelten.
—Pero no se nada del futuro. Si me preguntan quién es el presidente no tengo ni idea.
—No te preocupes, que eso es normal en cualquiera de tu edad mijo.
—O sea que toda mi familia ya ha muerto...
En eso le suena el celular al policía. El desconcierto dio paso a la curiosidad, y cuando le empezó a mostrar todos los cachivaches que tenía el sencillo celular del policía, medio que se olvidó de todo lo que había perdido, por todo lo que podía haber ganado. Dos días más tarde y Edmundo se iba a vivir con el policía y su mujer. (Ella perdió su primer embarazo y ahora no podían tener hijos). Edmundo no había hecho más de tercero de escuela, así que el oficial lo mandó a hacer nocturna.
Mientras tanto, en 1912, en un campo embarrado, un hombre de traje y corbata trata inútilmente de buscar señal con su celular, mientras un caballo pasta a unos metros de distancia...
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martes, 13 de marzo de 2012
Anubi's Watch
Un hombre mayor espera sentado en un banco solitario en la estación de tren de un pueblo apartado. Su única compañía es un hombre alto y fornido, con una larga gabardina y un sombrero ancho sobre sus largos cabellos negros. Aunque la ropa es del mismo tono marrón oscuro contrasta con el sencillo traje del hombre que espera tranquilamente apoyado en su bastón.
—Tranquilizate Adolf. Podemos estar seguros hasta llegar a Londres. Es ahí que precisare de tus servicios.
—Tanta tranquilidad me pone nervioso Doctor. Estoy acostumbrado al peligro contante, no a la calma antes de la tormenta.
El Doctor lucía un par de gafas circulares que enmarcaban unos ojos marcados por el cansancio. Un prolijo bigote reposaba bajo su pequeña nariz, y un bombín cubría sus encanecidos cabellos. Una enorme bolsa yacía junto a las rusticas botas de Adolf, era su equipaje. El Profesor por su lado llevaba una pequeña y modesta maleta revestida de verde.
—No me malinterpretes. Fui yo quien te contrato después de todo. El peligro ES constante, es solo que realmente no espero ningún intento de parte del General hasta llegar a Londres. No debería saber que estoy aquí siquiera.
—No le puede decir a un lobo que se tranquilice Doctor.
El profesor saco su reloj de bolsillo de su chaleco y miró la hora. Era un bonito reloj que su hermana le había regalado poco después de la muerte de su esposa. Había tomado todas las precauciones que se le habían ocurrido para que nadie supiera de su presencia allí. Lo que menos quería era poner en peligro a su hermana, pero no podía irse del país sin antes despedirse, y no confiaba en que una carta llegara sin ser interceptada. El General tenia muchos recursos.
En la taquilla dormía el anciano vendedor de boletos. Probablemente ni se despertaría cuando el tren llegara. Solo un gato caminaba por los andenes vacíos de la pequeña estación y unas hojas de periódico movidas por el viento movían la paz que reinaba.
—Ya es hora Adolf.
—Lo sé. Escucho llegar el tren.
Lentamente, de manera casi imperceptible, una niebla empezó a aparecer a su alrededor. Adolf pudo ver caer inconsciente al gato antes de notar el olor. Para cuando cuando se reactivo, el Doctor ya estaba dormido. Saco su hacha-escopeta, pero no había a quien apuntar.Adolf intentó levantar al Doctor entre la espesa humareda que los rodeaba a esa altura, pero el esfuerzo, por más que Adolf podía con el peso de ocho Doctores, solo logro que cediera ante el gas.
Para cuando el tren llego a la estación, solo encontró a Adolf tendido junto al banco y un humo blanco que se dispersaba...
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viernes, 9 de marzo de 2012
Siguiente piso: el valor de la vida humana
—Hola Rafael.
—Hola Micaela.
—Tengo un pequeño inconveniente.
—A ver, contadme.
—Cuando miro a una persona caminando por la calle no puedo evitar acordarme de que no son más que una aglomeración de proteínas.
—Pero eso es lo que son las personas: un animal muy inteligente.
—No, pero más allá de que no son más que meros animales. Los animales, las plantas, no son más que un montón de reacciones químicas. Solo siguen el camino que ofrezca menor resistencia como un río.
—Sí, un ser vivo solo es un sistema que intenta aumentar el nivel de entropía siguiendo el camino que ofrezca menor resistencia, que se volvió cada vez más complejo con el paso del tiempo. Pero no se porque saber la verdad te representa un problema.
—En realidad no es eso lo que me molesta, sino sus derivaciones.
—¿Por ejemplo?
—¿Cómo piensa una persona?
—A través de su cerebro, que no es más que un montón extremadamente complejo de proteínas.
—Pero son capaces de tomar decisiones, ¿no? O sea, que tienen conciencia y libre albedrío, ¿no?
—Sí, es cierto.
—No, de hecho no. Sus decisiones no se diferencian de las que tome un perro o una ameba. Solo tienen más variables en su ecuación para tomar en cuenta. Una araña corre cuando siente viento en su espalda porque quiere decir que está al descubierto, o sea en peligro. Un humano primero miraría a ver si realmente está en peligro, pero correría igual.
—A no ser...
—Sí, a eso iba. Pensemos en los sucesos y condicionamientos que modelan el comportamiento de un ser humano. Llamemosle a esto un programa. Un ejemplo es cuando un padre golpeador le crea un complejo de inferioridad a su hijo, lo cual lo hace golpeador a él cuando tenga una familia.
—Pero ahí estamos entrando en el campo de las noxas.
—Sí, las enfermedades mentales son los programas que los humanos se han tomado el trabajo de catalogar y buscarles una explicación. Pero en realidad TODO el comportamiento humano está condicionado por distintos programas en mayor o menor medida.
—Ilústrame.
—Digamos que naciste en una familia con pocos recursos, por lo que sientes que debes ser un hombre acaudalado para ser alguien. O simplemente asocias los momentos en los que tu padre te daba un regalo como esos escasos momentos felices donde tu padre te demostraba cuanto te quería.
Ahora imagina que tu, como hombre exitoso le haces muchos regalos a tus hijos porque es la manera que aprendiste de demostrar amor. Tu hijo va a sentir que su padre no lo quiere, y solo le da regalos, y así sucesivamente.
—¿Cuál es tu punto?
—Una enfermedad mental se determina como tal porque no le permite al individuo funcionar "correctamente" en sociedad. Sí consideramos que todos los humanos se comportan según como fueron programados, la única diferencia sería que los enfermos mentales tienen programas dañinos.
—¿Así que solo porque te permita funcionar en sociedad, no quiere decir que no tengas una enfermedad mental?
—No son enfermedades mentales. He ahí el porque de darle un nombre distinto.
—Pero sabiendo esto, ¿no se recuperaría el libre albedrío?
—Nunca se perdió lo que nunca se tuvo.
—Vamos, el hombre acaudalado tuvo que elegir su carrera, su mujer, si tener o no hijos, que acciones comprar en la bolsa de valores, que taxi tomar, etc.
—¿Qué carrera? La elegiste por él en el mismo ejemplo que acabas de dar. Incluso el hecho de no elegir ninguna, o no elegir tal o cual porque es la que se espera de ti, está programado por algo más.
—O sea, que solo son variables que no estamos tomando en consideración.
—Es todo una ilusión. Como las computadores que simulan muy bien tomar decisiones, cuando en el fondo solo están siguiendo el programa que dice "en caso de A, has B"
—Pero un humano puede decidir que "en caso de A, puedes hacer B a no ser que no tengas ganas"
—Que no tengas ganas solo es otra variable. "en caso de A, has B, a no ser que C" Las ganas se dan a su vez por mil y un otros factores. Ellos no tienen elección.
—Aún no veo donde te afecta.
—No existe el bien, ni el mal; no toman decisiones, sino que simplemente se comportan como fueron programados, ya sea para ser un santo, un pedófilo, una estrella de cine o cajero de super; no importa realmente si mueren o no; no importa realmente si sufren o no, solo es una reacción programada más. ¿Cuál es el punto de castigarles? ¿Para qué molestarnos ayudarlos a aliviar sus penas o a ser felices? ¿Por qué deben ser mejores en absoluto?
—Porque no es relevante porqué sufren, sino si sufren o no. Porque nosotros también fuimos programados para ayudarles, tanto a aliviar sus penas como a que alcancen su felicidad personal antes de que sus efímeras vidas perezcan. Porque somos ángeles Micaela, por eso.
—¿Porque sí? Esa respuesta no es típica tuya Rafael.
—Me gusta lo que hago, no le veas lo malo.
—No voy a detenerme solo porque sea inútil. Solo quería conversar mientras el descensor llega al nivel del suelo.
—¿Y qué te parece: porque sin los humanos seguiríamos bajando con nuestras alas en lugar de estos cómodos descensores?
—A mi me gustaba usar las alas.
—Nunca te conformas con nada, ¿eh? Calla Mihael que ya llegamos.
—¡Micaela!
*Dink!
—Hola Micaela.
—Tengo un pequeño inconveniente.
—A ver, contadme.
—Cuando miro a una persona caminando por la calle no puedo evitar acordarme de que no son más que una aglomeración de proteínas.
—Pero eso es lo que son las personas: un animal muy inteligente.
—No, pero más allá de que no son más que meros animales. Los animales, las plantas, no son más que un montón de reacciones químicas. Solo siguen el camino que ofrezca menor resistencia como un río.
—Sí, un ser vivo solo es un sistema que intenta aumentar el nivel de entropía siguiendo el camino que ofrezca menor resistencia, que se volvió cada vez más complejo con el paso del tiempo. Pero no se porque saber la verdad te representa un problema.
—En realidad no es eso lo que me molesta, sino sus derivaciones.
—¿Por ejemplo?
—¿Cómo piensa una persona?
—A través de su cerebro, que no es más que un montón extremadamente complejo de proteínas.
—Pero son capaces de tomar decisiones, ¿no? O sea, que tienen conciencia y libre albedrío, ¿no?
—Sí, es cierto.
—No, de hecho no. Sus decisiones no se diferencian de las que tome un perro o una ameba. Solo tienen más variables en su ecuación para tomar en cuenta. Una araña corre cuando siente viento en su espalda porque quiere decir que está al descubierto, o sea en peligro. Un humano primero miraría a ver si realmente está en peligro, pero correría igual.
—A no ser...
—Sí, a eso iba. Pensemos en los sucesos y condicionamientos que modelan el comportamiento de un ser humano. Llamemosle a esto un programa. Un ejemplo es cuando un padre golpeador le crea un complejo de inferioridad a su hijo, lo cual lo hace golpeador a él cuando tenga una familia.
—Pero ahí estamos entrando en el campo de las noxas.
—Sí, las enfermedades mentales son los programas que los humanos se han tomado el trabajo de catalogar y buscarles una explicación. Pero en realidad TODO el comportamiento humano está condicionado por distintos programas en mayor o menor medida.—Ilústrame.
—Digamos que naciste en una familia con pocos recursos, por lo que sientes que debes ser un hombre acaudalado para ser alguien. O simplemente asocias los momentos en los que tu padre te daba un regalo como esos escasos momentos felices donde tu padre te demostraba cuanto te quería.
Ahora imagina que tu, como hombre exitoso le haces muchos regalos a tus hijos porque es la manera que aprendiste de demostrar amor. Tu hijo va a sentir que su padre no lo quiere, y solo le da regalos, y así sucesivamente.
—¿Cuál es tu punto?
—Una enfermedad mental se determina como tal porque no le permite al individuo funcionar "correctamente" en sociedad. Sí consideramos que todos los humanos se comportan según como fueron programados, la única diferencia sería que los enfermos mentales tienen programas dañinos.
—¿Así que solo porque te permita funcionar en sociedad, no quiere decir que no tengas una enfermedad mental?
—No son enfermedades mentales. He ahí el porque de darle un nombre distinto.
—Pero sabiendo esto, ¿no se recuperaría el libre albedrío?
—Nunca se perdió lo que nunca se tuvo.
—Vamos, el hombre acaudalado tuvo que elegir su carrera, su mujer, si tener o no hijos, que acciones comprar en la bolsa de valores, que taxi tomar, etc.
—¿Qué carrera? La elegiste por él en el mismo ejemplo que acabas de dar. Incluso el hecho de no elegir ninguna, o no elegir tal o cual porque es la que se espera de ti, está programado por algo más.
—O sea, que solo son variables que no estamos tomando en consideración.
—Es todo una ilusión. Como las computadores que simulan muy bien tomar decisiones, cuando en el fondo solo están siguiendo el programa que dice "en caso de A, has B"
—Pero un humano puede decidir que "en caso de A, puedes hacer B a no ser que no tengas ganas"
—Que no tengas ganas solo es otra variable. "en caso de A, has B, a no ser que C" Las ganas se dan a su vez por mil y un otros factores. Ellos no tienen elección.
—Aún no veo donde te afecta.
—No existe el bien, ni el mal; no toman decisiones, sino que simplemente se comportan como fueron programados, ya sea para ser un santo, un pedófilo, una estrella de cine o cajero de super; no importa realmente si mueren o no; no importa realmente si sufren o no, solo es una reacción programada más. ¿Cuál es el punto de castigarles? ¿Para qué molestarnos ayudarlos a aliviar sus penas o a ser felices? ¿Por qué deben ser mejores en absoluto?
—Porque no es relevante porqué sufren, sino si sufren o no. Porque nosotros también fuimos programados para ayudarles, tanto a aliviar sus penas como a que alcancen su felicidad personal antes de que sus efímeras vidas perezcan. Porque somos ángeles Micaela, por eso.
—¿Porque sí? Esa respuesta no es típica tuya Rafael.
—Me gusta lo que hago, no le veas lo malo.
—No voy a detenerme solo porque sea inútil. Solo quería conversar mientras el descensor llega al nivel del suelo.
—¿Y qué te parece: porque sin los humanos seguiríamos bajando con nuestras alas en lugar de estos cómodos descensores?
—A mi me gustaba usar las alas.
—Nunca te conformas con nada, ¿eh? Calla Mihael que ya llegamos.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
Aguja y tinta III
Era el cumpleaños de Aracne. Por eso no le sorprendió que llegara un paquete con una muñeca de regalo adentro. Pero le llamo la atención que no dijera quien la enviaba. Después de todo los regalos se hacen para quedar bien con la otra persona, ¿no? ¿Cual era el punto de regalarle esa hermosisima muñeca, si no sabia quien la enviaba? Bueno, una opción que se le cruzo por la cabeza era, alguien que no quería que supiera que era él quien mandaba el regalo, porque Aracne no lo aceparía. Así ella demostraba que le encantaba el presente y luego anunciarse como el perpetrador del hecho. Pero no solo dicha persona no podría probar que el regalo fuera suyo, sino que un impostor podía reclamar el gesto como suyo, y seria la palabra de uno contra la del otro, y a Ricardo PREFERIRÍA no creerle, por más que supiera que era él. Bien, estaba conforme con eso. Si Ricardo llegaba a decir que fue él quien mando la muñeca, solo le diría que no le creía, porque... ¿Agustín? ¿Sergio? No importaba. Alguien mas la envió y punto.
Pero era tan hermosa... Se veía tan delicada en el fondo de esa caja. Con la mirada perdida, la larga cabellera, el vestidito blanco, pulcro, impecable, como esa piel inmaculada. Parecía leche de tan suave. La levanto delicadamente. Aracne no pudo precisar que material era, pero parecía piel al tacto... Solo que fría. O a temperatura ambiente al menos... Empezó a dudar si no fuera el cadáver de una niña... No, no podía ser.
Mira las cosas macabras que pasan por esa cabecilla tuya Aracne. Simplemente es otro regalo de Ricardo. Piensa que por gastar dinero en estas cosas me voy a casar con él. Viejo verde. Bueno, se esmeró para mi cumpleaños, eso se lo concedo. Parece real... Demasiado real...
Se fue a dormir esa noche con la hermosa muñeca junto a la cama. Fue un hermoso cumpleaños. Y Ricardo no desistió. No solo no admitió que la muñeca fuera suya, sino que le hizo otro regalo para cubrir las apariencias. Igual no le mostró la muñeca a nadie. Por si las dudas...
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lunes, 28 de noviembre de 2011
Aguja y tinta II
—Ten cuidado pescando Jacob.
—Si madre.
—Y no vuelvas tarde que con esta niebla puedes perderte al volver.
El muchacho asentía sin siquiera darse la vuelta.
—Si madre.
Caminaba con el paso seguro del que a recorrido ese camino mil veces, y que lo podría volver a recorrer con los ojos cerrados, que es casi lo que hacia en la espesa niebla. Una boina en su cabeza, un par de pantalones cortos, con dos tirantes compensando la diferencia de talle, una camisa que parecía haber sido blanca alguna vez, y unos zapatos que milagrosamente le quedaban bien, pero no por mucho tiempo, y estaban tan gastados que puede que no llegaran a no quedarle bien. Iba con la caña al hombro, y una bolsa con carnada, una redecilla y los demás utensilios indispensables, como la botella con el vino robado a su padre.
Se alejaba del asentamiento mientras se adentraba en el monte que crecía al borde del arroyo. Aun escuchaba los bebes llorando, los demás niños jugando y los perros ladrándole a todo. Seguía sintiendo el olor del humo que salia de pipas, calderos, chimeneas, cigarros, fogatas, y demas. El humo siempre estaba ahí. Y tal vez era mejor que el olor a humo tapara los olores buenos, como comida, a que se sintieran todos los olores malos, los cuales no voy a listar aquí. Pero no escucharía, ni olería, ni vería por mucho. Uno de los motivos por los que le gustaba ir a pescar era por alejarce del asentamiento. Por eso aun con esa niebla seguía avanzando a paso seguro.
Pero no se allaba. Algo andaba mal. Siempre encontró el camino sin problemas, no es que fuera tan difícil, si seguia derecho se terminaba cruzando con el arroyo. Pero después de unos diez minutos de caminata seguía sin toparselo, y además no reconocía la vegetación que estaba viendo. Los árboles eran retorcidos, enanos, nudosos, con miles de ramas que se entrelazaban como garras que intentaban atrapar el cielo. Y todo estaba cubierto de musgo, un musgo verde-grisáceo, que parecía que iba a reptar en cualquier momento. Y a medida que avanzaba la oscuridad se cerraba mas sobre su cabeza, y las ramas se acercaban más y más, hasta empezar a arañarle las piernas y los brazos. El suelo estaba cubierto de hojas en estado de putrefacción, y bajo este manto un barro blando se escapaba de los pies como gusanos negros.
Cuando una serpiente salio silbando de debajo de sus pies, paro en un grito y se giro y antes de dos pasos estaba en el suelo. Algo se enredo en su pie, y comenzó a patalear desesperadamente. Ya no sabia donde estaba, ni por donde volver, pero no quería estar ahí y se hecho a correr, chocando con telarañas, resbalando en cada hoja, tropezando en cada piedra. Y al girar en un árbol cayó de lleno en el agua. Saco la cabeza tociendo barro. El agua de un negro-verdoso parecía estar más viva que los arboles, y unos vapores inmundos emanaban de lo que aparentemente había sido un cadáver putrefacto. Jacob no podía evitar enredarce en las raíces del nefasto árbol al salir de entre peces muertos y juncales.
Y era en las raíces mismas que lo esperaba sentada. De unos treinta centímetros de altura, de los cuales diez serian cabeza. Sin nada mas que su blanca cabellera hasta las rodillas cubriendo su piel de alabastro. Sus hermosos ojos azules lo miraban curiosos, y sus carnosos labios rojos le sonreían.
—Si madre.
—Y no vuelvas tarde que con esta niebla puedes perderte al volver.
El muchacho asentía sin siquiera darse la vuelta.
—Si madre.
Caminaba con el paso seguro del que a recorrido ese camino mil veces, y que lo podría volver a recorrer con los ojos cerrados, que es casi lo que hacia en la espesa niebla. Una boina en su cabeza, un par de pantalones cortos, con dos tirantes compensando la diferencia de talle, una camisa que parecía haber sido blanca alguna vez, y unos zapatos que milagrosamente le quedaban bien, pero no por mucho tiempo, y estaban tan gastados que puede que no llegaran a no quedarle bien. Iba con la caña al hombro, y una bolsa con carnada, una redecilla y los demás utensilios indispensables, como la botella con el vino robado a su padre.
Se alejaba del asentamiento mientras se adentraba en el monte que crecía al borde del arroyo. Aun escuchaba los bebes llorando, los demás niños jugando y los perros ladrándole a todo. Seguía sintiendo el olor del humo que salia de pipas, calderos, chimeneas, cigarros, fogatas, y demas. El humo siempre estaba ahí. Y tal vez era mejor que el olor a humo tapara los olores buenos, como comida, a que se sintieran todos los olores malos, los cuales no voy a listar aquí. Pero no escucharía, ni olería, ni vería por mucho. Uno de los motivos por los que le gustaba ir a pescar era por alejarce del asentamiento. Por eso aun con esa niebla seguía avanzando a paso seguro.
Pero no se allaba. Algo andaba mal. Siempre encontró el camino sin problemas, no es que fuera tan difícil, si seguia derecho se terminaba cruzando con el arroyo. Pero después de unos diez minutos de caminata seguía sin toparselo, y además no reconocía la vegetación que estaba viendo. Los árboles eran retorcidos, enanos, nudosos, con miles de ramas que se entrelazaban como garras que intentaban atrapar el cielo. Y todo estaba cubierto de musgo, un musgo verde-grisáceo, que parecía que iba a reptar en cualquier momento. Y a medida que avanzaba la oscuridad se cerraba mas sobre su cabeza, y las ramas se acercaban más y más, hasta empezar a arañarle las piernas y los brazos. El suelo estaba cubierto de hojas en estado de putrefacción, y bajo este manto un barro blando se escapaba de los pies como gusanos negros.
Cuando una serpiente salio silbando de debajo de sus pies, paro en un grito y se giro y antes de dos pasos estaba en el suelo. Algo se enredo en su pie, y comenzó a patalear desesperadamente. Ya no sabia donde estaba, ni por donde volver, pero no quería estar ahí y se hecho a correr, chocando con telarañas, resbalando en cada hoja, tropezando en cada piedra. Y al girar en un árbol cayó de lleno en el agua. Saco la cabeza tociendo barro. El agua de un negro-verdoso parecía estar más viva que los arboles, y unos vapores inmundos emanaban de lo que aparentemente había sido un cadáver putrefacto. Jacob no podía evitar enredarce en las raíces del nefasto árbol al salir de entre peces muertos y juncales.
Y era en las raíces mismas que lo esperaba sentada. De unos treinta centímetros de altura, de los cuales diez serian cabeza. Sin nada mas que su blanca cabellera hasta las rodillas cubriendo su piel de alabastro. Sus hermosos ojos azules lo miraban curiosos, y sus carnosos labios rojos le sonreían.
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domingo, 27 de noviembre de 2011
Aguja y tinta I
Aracne era su nombre. No, su madre no la odiaba, solo gustaba de la mitología griega. Alta para una niña de su edad. Pelo negro, ojos verdes, de una sonrisa encantadora que no mostraba bajo ninguna circunstancia desde que falleciera su padre. Quería a su padrastro, pero solo hay un padre. Arropada por el dinero que su padrastro acumulo con arduo trabajo, vestía elegantemente y con ropas elaboradas.
Y cuando le dijo a su madre que quería ser pintora, esta la mandó a fruncir un vestido. Saber coser es más importante para una niña que saber pintar. Y una mujer que cose consigue un mejor marido que una que pinta. Pero su abuela le mostró como pintar con una aguja. Así que ella cosió y bordó y tejió, y aprendió a pintar con una aguja aun mejor que con un pincel. Y como podía pintar con la aguja empezó a pintar siempre que podía. Y como practicaba todo el tiempo se volvió muy buena. Y siempre que alguien es bueno en algo hay alguien que no es tan bueno. Y siempre que uno es mejor que otro ese otro siente celos. Para peor tenía pretendientes. Ya fuera porque era una niña bonita o porque su madre tuviera razón y ser buena cosiendo atrae pretendientes. El punto es que esto solo despertaba mas celos, y ahí es que la muñeca llegó.
Y cuando le dijo a su madre que quería ser pintora, esta la mandó a fruncir un vestido. Saber coser es más importante para una niña que saber pintar. Y una mujer que cose consigue un mejor marido que una que pinta. Pero su abuela le mostró como pintar con una aguja. Así que ella cosió y bordó y tejió, y aprendió a pintar con una aguja aun mejor que con un pincel. Y como podía pintar con la aguja empezó a pintar siempre que podía. Y como practicaba todo el tiempo se volvió muy buena. Y siempre que alguien es bueno en algo hay alguien que no es tan bueno. Y siempre que uno es mejor que otro ese otro siente celos. Para peor tenía pretendientes. Ya fuera porque era una niña bonita o porque su madre tuviera razón y ser buena cosiendo atrae pretendientes. El punto es que esto solo despertaba mas celos, y ahí es que la muñeca llegó.
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miércoles, 9 de noviembre de 2011
Entorno al tiempo y el espacio
—Muy bien profesor, ¿qué es lo tan importante que quería mostrarnos?
—Me alegra que pregunte señor decano. Primero que nada, buenas tardes a todos los presentes, por haber acudido tan rápidamente a esta demostración sin previo aviso. Espero sepan disculparme, pero prefiero hacer una presentación con ustedes, mis colegas en investigación, antes de presentar mis descubrimientos en las esferas científicas y de la prensa especializada.
El profesor habla de frente a un publico de apenas media docena de científicos, cuyos rostros reflejan en parte desinterés en parte fastidio; y con más de tres docenas de investigadores de su equipo a sus espaldas, estos con un nerviosismo propio más de adolescentes que de profesionales, con décadas en el rubro.
—Como sabrán, mi equipo a estado trabajando día y noche para resolver el inconveniente de la materia oscura, la energía oscura y la constante cosmológica. Se que muchos han dicho que trabajamos en vano, que el modelo está bien así, pero yo mantuve mi postura escéptica sobre estas explicaciones. Y... Bueno, como dice el dicho, más vale una imagen que mil palabras, ¿no?
Con un gesto del profesor, todos los investigadores se mueven al unísono, dejando al descubierto el obvio motivo de su nerviosismo.
—Y ¿qué se supone que es... eso, profesor?
—Bueno, como ya todos saben, nuestro universo cuenta con diez dimensiones, seis de las cuales están enroscadas en...
—Sí, sí, profesor. Somos la cátedra de ciencias, obvio que sabemos de que habla. Ahora, ¿QUÉ ES ESO?
—Eh... Bueno, resulta que existe la posibilidad de... Eh, bueno, de elegír QUE dimensión sea la que esté... Eh, ¿qué hace?
—A ver, a ver, déjese de introducciones innecesarias, que no tengo todo el día. ¿Va a poner en marcha ese aparato estrambotico o nos retiramos sin más?
Los demás catedráticos ya se levantaban de sus respectivos asientos, al tiempo que el profesor se abalanza sobre la "maquina"
Y ahí todo perdió sentido. Al agregar una dimensión espacial extra, todo se comenzó a curvar entorno a la singularidad generada sobre la maquina. Y cuando digo todo, me refiero al espacio en sí. Los transeúntes que pasaban cerca de la universidad, pudieron ver en primera fila como el edificio se torneaba, como el suelo se comenzó a elevar por sobre el horizonte, y como el cielo se colaba por entre las calles, a un ritmo que solo aumentaba con el paso de las distancias. Los pasajeros del avión que pasaba sobre la singularidad no pudieron apreciar como el aire se torneaba en una espiral que se entretejía con las masas de árboles que giraban descontroladamente sobre su propia mutación fractal, porque el avión se movía a una velocidad vertiginosa a través de un vórtice que atravesaba el propio avión: las alas entrando por la cabina, y los pasajeros volando por el aire antes de comenzar a enroscarse sobre si mismos.
El profesor pudo ver como la segunda dimensión temporal de desenrolló torno suyo. Al poder ver el tiempo en perpendicular, todas las personas en la habitación comenzaron a ser todas sus edades a la vez. Pero la cosa se complicó cuando se extendió más allá de sus periodos de vida, viendo el profesor como las partículas del cuarto representaban todo lo que ha habido y habría alguna vez en ese exacto punto del universo. Como la tierra se mueve, pero no en perpendicular al tiempo, el profesor comenzó a derivar a lo largo del trayecto del tiempo normal. Corrió, y corrió a lo largo del tiempo, hasta llegar al interruptor de la "maquina" y apagarla "antes" de haberla prendido siquiera.
— ¿...o nos retiramos sin más?
—Eh, creo que es mejor que dejemos esta demostración para más adelante señores.
Y los investigadores respiraron tranquilos un par de kilómetros/hora más...
—Me alegra que pregunte señor decano. Primero que nada, buenas tardes a todos los presentes, por haber acudido tan rápidamente a esta demostración sin previo aviso. Espero sepan disculparme, pero prefiero hacer una presentación con ustedes, mis colegas en investigación, antes de presentar mis descubrimientos en las esferas científicas y de la prensa especializada.
El profesor habla de frente a un publico de apenas media docena de científicos, cuyos rostros reflejan en parte desinterés en parte fastidio; y con más de tres docenas de investigadores de su equipo a sus espaldas, estos con un nerviosismo propio más de adolescentes que de profesionales, con décadas en el rubro.
—Como sabrán, mi equipo a estado trabajando día y noche para resolver el inconveniente de la materia oscura, la energía oscura y la constante cosmológica. Se que muchos han dicho que trabajamos en vano, que el modelo está bien así, pero yo mantuve mi postura escéptica sobre estas explicaciones. Y... Bueno, como dice el dicho, más vale una imagen que mil palabras, ¿no?
Con un gesto del profesor, todos los investigadores se mueven al unísono, dejando al descubierto el obvio motivo de su nerviosismo.
—Y ¿qué se supone que es... eso, profesor?
—Bueno, como ya todos saben, nuestro universo cuenta con diez dimensiones, seis de las cuales están enroscadas en...
—Sí, sí, profesor. Somos la cátedra de ciencias, obvio que sabemos de que habla. Ahora, ¿QUÉ ES ESO?
—Eh... Bueno, resulta que existe la posibilidad de... Eh, bueno, de elegír QUE dimensión sea la que esté... Eh, ¿qué hace?
—A ver, a ver, déjese de introducciones innecesarias, que no tengo todo el día. ¿Va a poner en marcha ese aparato estrambotico o nos retiramos sin más?
Los demás catedráticos ya se levantaban de sus respectivos asientos, al tiempo que el profesor se abalanza sobre la "maquina"
Y ahí todo perdió sentido. Al agregar una dimensión espacial extra, todo se comenzó a curvar entorno a la singularidad generada sobre la maquina. Y cuando digo todo, me refiero al espacio en sí. Los transeúntes que pasaban cerca de la universidad, pudieron ver en primera fila como el edificio se torneaba, como el suelo se comenzó a elevar por sobre el horizonte, y como el cielo se colaba por entre las calles, a un ritmo que solo aumentaba con el paso de las distancias. Los pasajeros del avión que pasaba sobre la singularidad no pudieron apreciar como el aire se torneaba en una espiral que se entretejía con las masas de árboles que giraban descontroladamente sobre su propia mutación fractal, porque el avión se movía a una velocidad vertiginosa a través de un vórtice que atravesaba el propio avión: las alas entrando por la cabina, y los pasajeros volando por el aire antes de comenzar a enroscarse sobre si mismos.
El profesor pudo ver como la segunda dimensión temporal de desenrolló torno suyo. Al poder ver el tiempo en perpendicular, todas las personas en la habitación comenzaron a ser todas sus edades a la vez. Pero la cosa se complicó cuando se extendió más allá de sus periodos de vida, viendo el profesor como las partículas del cuarto representaban todo lo que ha habido y habría alguna vez en ese exacto punto del universo. Como la tierra se mueve, pero no en perpendicular al tiempo, el profesor comenzó a derivar a lo largo del trayecto del tiempo normal. Corrió, y corrió a lo largo del tiempo, hasta llegar al interruptor de la "maquina" y apagarla "antes" de haberla prendido siquiera.
— ¿...o nos retiramos sin más?
—Eh, creo que es mejor que dejemos esta demostración para más adelante señores.
Y los investigadores respiraron tranquilos un par de kilómetros/hora más...
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martes, 8 de noviembre de 2011
El comienzo
Todo empezó cuando mi novia me dijo que no le alcanzaba el tiempo del día para cumplir con todo lo que tenía que hacer, así que iba a dedicarme menos tiempo a mi. Yo empecé a dedicar ese tiempo libre extra, pues había relegado todo lo no académico por ella, en más actividad académica... Terminada la secundaria me dediqué de lleno al estudio del tiempo; tanto en la técnica, estudiando ingeniería física; como en la practica, estudiando relojería. Mi objetivo final era lograr condensar un chronión, para poder producir tiempo. Para malgastarlo, perderlo, ganarlo, congelarlo, duplicarlo, extenderlo, suprimirlo, atrasarlo, adelantarlo, y poder disfrutar todo el tiempo, de todo el tiempo del mundo.Pero poco a poco me fui obsesionando más con el tiempo en sí, ya no importándome el motivo original de mi obsesión. Y es ahí cuando me especialicé aún más, y me diversifiqué al mismo tiempo. ¿Cómo es esto posible siquiera? Bueno, me centré más en el tiempo, y no tanto en la mecánica, física, matemática, computación, y todo lo demás que rondaba torno a mis estudios cada vez más obscuros. Adopté al mismo tiempo más y más maneras de interpretar el tiempo. Comencé a meditar, a probar drogas que aumentan la velocidad de pensamiento, a experimentar con auto hipnosis, viendo cuan subjetivo era el tiempo personal. De los relojes de cuerda, los de péndulo y los de cuarzo, pasé a diseñar un reloj atómico casero. Incluso me adentré en libros de historia, en bibliotecas esotéricas, a estudiar magia arcana, dándole valor al tiempo que soportaron de existencia por sobre el contenido real.
Y fue cierto tiempo después, un día que me encontraba en mi laboratorio/estudio/taller, desarmando un condensador de flujo, buscando un repuesto para el proyecto de acelerador de partículas, que ella me dijo que el problema era que no le dedicaba suficiente tiempo.
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martes, 11 de octubre de 2011
Mohicano I
"You are entering forbithen water" reasaba el altoparlante del otro barco.
—Bueno, parece que hasta aquí llegamos Tenea.
—No se preocupen muchachos. Solo asegúrense de estar aquí cuando yo vuelva.
"Están entrando en aguas restringidas" gritó esta vez el barco.
Luego de mirar por última vez la isla cubierta de niebla, Tenea se dejó caer al agua con su raje de buso. Unas cuantas millas náuticas más allá asomó en la playa. La niebla terminaba cerca de cien metros hacia el mar. La isla estaba cubierta por una capa de nubes bajas, creando un perfecto clima nublado, aún cuando Tenea sabía que un poco mas allá brillaba un hermoso sol tropical.
Lo primero que le llamó la atención fué la estructura metálica que reposaba sobre la montaña central. Era como si hubieran construido un estadio en la montaña, envolviendo la punta como un domo. Se quitó el traje de buso apresuradamente. Sacó la mochila de la bolsa impermeable y antes que nada buscó su cámara digital para capturar la montaña. Pero al hacer el intento de prenderla vio que no era más que un montón de chatarra inservible. Había tenido la esperanza de poder contar con tecnología mientras durasen las distintas baterías, pues no tenía pensado prolongar su estancia más de un par de días, pero en el camino desde el barco hasta la costa algo inutilizó su GPS, su cámara digital, su celular, etc. Y ni siquiera había entrado agua en la bolsa. Se quito el traje de buso y se cambió. Ahora solo contaba con su ropa y su mochila. Jeens, botas de montaña, una camisa a cuadros gris y una campera, que por la multitud de bolsillos tenia un aire militar.
—Bueno Tenea, solo contamos con la vieja y querida cámara de rollo y la grabadora—Se dijo—Todo lo demás es peso muerto. Al menos tengo bastante cinta y rollos. Bueno, y comida y eso, ¿no? Que debería ser lo más importante...
Le sacó fotos a la montaña, la niebla, y se adentró en la jungla. No dio ni una veintena de pasos que antes de ver algo que le llama poderosamente la atención: Un camino. Era obvio que era un camino por los árboles despejados. Pero era un camino de tierra aplastada por el constante ir y venir de... bueno, de algo con patas muy extrañas al parecer. No le interesaban caminos de animales de todas maneras, si bien al parecer era un camino bastante transitado, pero aún así se dejaban ver huellas individuales, y lo que fuera que caminaba por ahí tenia patas con forma de triangulo.
Sus dudas se despejaron en menos de cinco minutos. Mientras enfocaba las profundas huellas, comenzó a escuchar un ruido muy peculiar, como el gemido de algún animal herido. Repetitivo y acercándose, el ruido la puso nerviosa. Se escondió tras una peña al identificar la fuente unos pasos más allá..
—Siete de agosto del dos mil veintiocho. Once treinta de la mañana aproximadamente. Mi reloj digital no funciona y aquí no se distingue el sol. Un robot de unos tres metros acaba de pasar frente a mi con paso tranquilo. Tenía seis patas como de insecto saliendo de un cuerpo central, y una especie de cabeza que salía hacia arriba con tres tubos. Presumo que seria un juego de cámaras y sensores, o tal vez una antena. No he sacado una sola foto del terror que me provocó.
Apagó la grabadora. Iba a seguirlo y a tomar una foto con el lente de aumento. Estaba decidida.
Mohicano II
—Bueno, parece que hasta aquí llegamos Tenea.
—No se preocupen muchachos. Solo asegúrense de estar aquí cuando yo vuelva.
"Están entrando en aguas restringidas" gritó esta vez el barco.
Luego de mirar por última vez la isla cubierta de niebla, Tenea se dejó caer al agua con su raje de buso. Unas cuantas millas náuticas más allá asomó en la playa. La niebla terminaba cerca de cien metros hacia el mar. La isla estaba cubierta por una capa de nubes bajas, creando un perfecto clima nublado, aún cuando Tenea sabía que un poco mas allá brillaba un hermoso sol tropical.
Lo primero que le llamó la atención fué la estructura metálica que reposaba sobre la montaña central. Era como si hubieran construido un estadio en la montaña, envolviendo la punta como un domo. Se quitó el traje de buso apresuradamente. Sacó la mochila de la bolsa impermeable y antes que nada buscó su cámara digital para capturar la montaña. Pero al hacer el intento de prenderla vio que no era más que un montón de chatarra inservible. Había tenido la esperanza de poder contar con tecnología mientras durasen las distintas baterías, pues no tenía pensado prolongar su estancia más de un par de días, pero en el camino desde el barco hasta la costa algo inutilizó su GPS, su cámara digital, su celular, etc. Y ni siquiera había entrado agua en la bolsa. Se quito el traje de buso y se cambió. Ahora solo contaba con su ropa y su mochila. Jeens, botas de montaña, una camisa a cuadros gris y una campera, que por la multitud de bolsillos tenia un aire militar.
—Bueno Tenea, solo contamos con la vieja y querida cámara de rollo y la grabadora—Se dijo—Todo lo demás es peso muerto. Al menos tengo bastante cinta y rollos. Bueno, y comida y eso, ¿no? Que debería ser lo más importante...
Le sacó fotos a la montaña, la niebla, y se adentró en la jungla. No dio ni una veintena de pasos que antes de ver algo que le llama poderosamente la atención: Un camino. Era obvio que era un camino por los árboles despejados. Pero era un camino de tierra aplastada por el constante ir y venir de... bueno, de algo con patas muy extrañas al parecer. No le interesaban caminos de animales de todas maneras, si bien al parecer era un camino bastante transitado, pero aún así se dejaban ver huellas individuales, y lo que fuera que caminaba por ahí tenia patas con forma de triangulo.
Sus dudas se despejaron en menos de cinco minutos. Mientras enfocaba las profundas huellas, comenzó a escuchar un ruido muy peculiar, como el gemido de algún animal herido. Repetitivo y acercándose, el ruido la puso nerviosa. Se escondió tras una peña al identificar la fuente unos pasos más allá..
—Siete de agosto del dos mil veintiocho. Once treinta de la mañana aproximadamente. Mi reloj digital no funciona y aquí no se distingue el sol. Un robot de unos tres metros acaba de pasar frente a mi con paso tranquilo. Tenía seis patas como de insecto saliendo de un cuerpo central, y una especie de cabeza que salía hacia arriba con tres tubos. Presumo que seria un juego de cámaras y sensores, o tal vez una antena. No he sacado una sola foto del terror que me provocó.
Apagó la grabadora. Iba a seguirlo y a tomar una foto con el lente de aumento. Estaba decidida.
Mohicano II
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viernes, 7 de octubre de 2011
Paciencia
"Yo no escribo para enseñar, no espero que me comprendan. Yo escribo invitando a reflexionar."
¿Qué es la vida? Es el tiempo entre que nacemos y morimos. No disponemos de nada más que ese tiempo. Todo lo demás, incluida fuerza vital, es transitorio. ¿Y qué quiere decir transitorio, sino que desaparece con el tiempo? Si dispusiera de suficiente tiempo podría derrumbar una montaña con mis propias manos. El poder de la dinamita radica en poder hacerlo en segundos, o sea en menos tiempo...
Vean los pájaros estáticos en pleno vuelo sobre las palmeras; vean las olas congeladas en la playa; vean las hojas antes mecidas por el viento, ahora en perfecto estasis; vean hibernar los pasos de las personas por la rambla, las correas de los perros ya no tiran, las ruedas de los patines ya no giran, la basura ya no cae fuera del tacho, y ese instante se preserva. Al no haber tiempo no hay desgaste, el Relojero no necesita respirar ni comer, no se cansa.
Más tiempo
Irr Sinnlos
¿Qué es la vida? Es el tiempo entre que nacemos y morimos. No disponemos de nada más que ese tiempo. Todo lo demás, incluida fuerza vital, es transitorio. ¿Y qué quiere decir transitorio, sino que desaparece con el tiempo? Si dispusiera de suficiente tiempo podría derrumbar una montaña con mis propias manos. El poder de la dinamita radica en poder hacerlo en segundos, o sea en menos tiempo...
Imaginen a este hombre, el Relojero. Sus zapatos mocasines negros de cuero, de punta redondeada, cocidos a mano. Sus blancas medias de algodón. Los negros pantalones de vestir, entablillados, que suben hasta la cintura donde se cruzan con la blanca camisa de lino que baja. Sobre esta los tirantes, cubiertos a su vez por el chaleco a juego con el saco negro carbón.
Vean asomar las mangas blancas de la camisa entre las oscuras del saco. Vean el corbatín de seda ajustar perfectamente al cuello. Admiren sus rasgos angulosos, su sonrisa complacida, su mirada tranquila. Esos lentes de montura redonda que descansan sobre su nariz respingona. Ese mentón redondeado, perfectamente afeitado. El pelo pulcramente peinado a la gomina, y aún así cubierto por el curvilíneo bombín.
Observen como aún cuando su mano izquierda, que reposa sobre el largo paraguas como en un bastón, goza de un reloj de pulsera, aún así su mano derecha se dirige monótonamente al bolsillo del chaleco y saca casi por reflejo su reloj de bolsillo, y sin mirarlo siquiera, con solo presionar un botón, congela el tiempo.
Vean los pájaros estáticos en pleno vuelo sobre las palmeras; vean las olas congeladas en la playa; vean las hojas antes mecidas por el viento, ahora en perfecto estasis; vean hibernar los pasos de las personas por la rambla, las correas de los perros ya no tiran, las ruedas de los patines ya no giran, la basura ya no cae fuera del tacho, y ese instante se preserva. Al no haber tiempo no hay desgaste, el Relojero no necesita respirar ni comer, no se cansa.
Hace una pequeña marca en el suelo con su paraguas y emprende su camino rumbo a un edificio cercano. En ese instante sin tiempo, no puede caer siquiera, y camina por el aire. Quita ladrillo por ladrillo del edificio, y lo mueve unos cientos de metros más allá. Cada vidrio de cada ventana, cada trozo de revoque, cada baldosa del piso, cada caño, cada cable, cada mueble, cada persona, hasta el agua en las tuberías mueve en su afán.
Luego retorna al lugar pactado, se sitúa donde la marca que hiciera eones atrás, y vuelve a tomar el reloj en sus manos...
—Y voilá. Ese edificio ya no obstruye nuestra vista. Ahora puedes apreciar claramente el atardecer.
— ¡Increíble! ¡¿Cómo has hecho eso?!
—Fui dotado del más grande don: la paciencia.Más tiempo
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jueves, 29 de septiembre de 2011
Choque de almas
Ni siquiera quise ir al pub en primer lugar. Mis compañeros de pensión medio me obligaron a ir. Tenían razón en que no salía desde hacía meses a hacer nada más que trabajar, pero había un motivo para ello: no quería.
— ¡Ya estoy viejo para esto! —Girté sobre la ensordecedora música bailable.
— ¡Ya estas viejo para vivir en una pensión también amigo! —Me dijo por toda respuesta el joven muchacho. Tenía razón nuevamente, yo era profesor y no estudiante después de todo. Pero para eso también había un motivo: ¿Para qué mudarme? ¿Para pagar más renta?
Me escapé con la excusa de comprar un trago. Bueno, efectivamente fui por un trago. Ese si era un placer que no tenía objeciones en darme.
—Un Manhattan, por favor.
— ¿Un qué? Hay whiskys solo o con cola, y cerveza.
—Un "whiskys" entonces.
— Dale Gastón, ¿no tenes vodka al menos? —Se metió entre el barman y yo con un codazo casi—Yo quiero un Destornillador y no me voy a ir sin él.
—Bueno, por ser vos te preparo uno—Le contestó el barman "Gastón".
—Disculpe señorita, pero él me estaba atendiendo a mi.
—Y te sigue atendiendo a vos. Gracias Gastón, el señor paga.
— ¡Un momento! Yo nunca accedí a pagarle nada señorita.
— ¿Y qué tengo que hacer para que cambies de opinión? —Y me guiño el ojo.
Al cabo de una hora estábamos charlando y bebiendo en un bar que ella conocía. Era bastante solitario, pero alegre y hogareño a su manera. Tenía pool y una rockola. De haber ido solo hubiera dicho que era un antro, pero con ella notaba como en realidad era el estar de la casa de una familia incomprendida.
Al cabo de dos horas estábamos ebrios y felices. Ella era joven, alegre, simple, descarada, despreocupada, en fin, todo lo opuesto a mí. No era para nada el tipo de persona erudita con la que siempre intentaba conversar, pero me agradaba mucho más que todos ellos juntos. Me hacía feliz conversar con ella de cosas simples y reír.
Al cabo de tres horas estábamos en mi cuarto. Fue la primera vez en una década que pensé seriamente en mudarme a un apartamento. Ni siquiera estaba seguro de si se permitían mujeres. Pero la noche terminó en un vomito en el baño para mí. Hacía demasiado tiempo que no bebía.
Me arropó cuidadosa y encontré a la mañana siguiente, entre la resaca y mi reloj despertador, su celular anotado en un papel. Parecía que yo le había caído tan bien como ella a mí. Y nos vimos de día. Bajo la radiante luz veraniega parecía una Venus. Era imposible distinguir si su pelo era castaño, rubio o pelirrojo. Era un tono más cobre y caoba que pelo. Sus ojos, aunque marrones y comunes, tenían un tono avellana con cierta luz, pero lo que me gustó de ellos era la forma y el tamaño de esos ojos de sirena. Su piel ostentaba unas sujerentes pecas en el escote y unas inocentes en el tabique nasal. Pálida por naturaleza, intentaba tomar color tras horas y horas al sol, pero el único tono que asomaba era el rosa.
Yo vivía envuelto en mis libros. No había novela, ensayo filosófico, libro de historia o poema que no pudiera citar. Si había una copia, yo lo había leído. Bueno, estoy exagerando un poco. Bueno, estoy exagerando mucho en realidad. Pero para los tiempos que corren, era, y soy, un erudito. Le enseñe a ella los pensamientos de Nietzsche, los poemas de Boudelaire, las ideas de Pascale, las proesas de Carlomagno, las palabras de Confusio. Ella me enseño a retosar al sol, a pasear por un parque, a bañarme en la playa, a correr por la calle, a bailar, a reír, a vivir.
Me mudé a un apartamento en menos de un mes. Ella era mi amiga, y yo la quería como amiga. Me tenía un cariño paternal, pero me veía más como un hijo que como un padre. Un día se iba con un chico, otro día se iba con otro. Me contaba como le gustaba este o aquel, como si fuera su amiga y confidente. Venia llorando a mi cada vez que le rompía el corazón otro amor de verano. Y al final se enamoró de mí, y yo de ella.
Me saqué el saco y lo tiré en una silla. Ella me tiró a mi en la cama de la misma manera. Mientras yo la besaba me quitó el cinto y me abrió la bragueta. Luego comenzó a reír a carcajadas.
—Y yo que le quería hacer un favor al viejo y ni puedo hacer que se le pare.
La seguí besando, y tomándola en mis brazos gire nuestros cuerpos hasta quedar encima suyo. La bese en la mejilla, en la quijada y en el cuello, bajé a su clavicula, a su esternón y a sus hermosos pechos en flor. Seguí bajando y besándola, y no paré de besarla hasta que no me estrujó con las piernas en un momento de éxtasis, hasta casi arrancarme las orejas.
Posó mi cabeza en su ceno y me abrazó como una madre abrazando a su hijo. Yo la envolví con mis brazos con la misma ternura, y acostados en esa posición pasamos unos minutos de precario silencio.
—Hacía varios años que no tenía un orgasmo de verdad—Dijo ella rompiendo el silencio.
—Yo hacía varios años que no tenía una amiga—Y me abrazó con más fuerza.
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lunes, 12 de septiembre de 2011
Te time
Timeson no tenía por costumbre tomar el té a las cinco, sino que era una ley física más tacita que la de la gravedad. La ceremonia del té era tan importante como tomarlo en sí. Pero su obsesión con el tiempo era una parte importante en el proceso. Por ejemplo, controlaba cuánta agua la agregaba a la tetera con su reloj de muñeca: Exactamente 3 segundos y dos decimas son un litro.No conforme con esto instaló en su mesa de la cocina un reloj de ajedrez para servir las tasas; diseñó un reloj de arena abierto para el azúcar; llegó incluso al punto ridículo de medir todas las distancias en tiempo. Camina siempre al mismo ritmo pausado, y da un paso por segundo, tiene medidos los pasos para que calcen exactamente en un metro, pero no cuenta los pasos, sino que sabe que vive a 8 minutos, 38 segundos del dentista; a 5 con 23 del autoservicio; a 42 segundos de su relojería, que es en la planta baja de su casa; y el lugar más alejado de su rutina, con un record de 22 minutos y 7 segundos, el banco.
Véanlo ahí, caminando con ese paso de robot a las 16:42. Su intachable traje negro reluce bajo el sol de la tarde. Sus lustrosos zapatos resuenan contra el asfalto como el tic tac de un reloj. Casi que se le escuchan rechinar las rodillas, y moverse los engranajes en el cerebro de hojalata que de seguro hay bajo ese bombín. Esa mente filosa se oculta tras un rostro amable y un par de gafas bifocales. Parece hipnotizado por un punto en el horizonte, donde su mente seguro divaga sobre torsiones en cuatro dimensiones calculadas con números exacomplejos, y traslaciones que no podrían lograrse hasta que π valga exactamente 3.
Es en este estado de trance que cruza la calle, con su paso de hombre a cuerda, con su paquete de biscochos dulces para acompañar el té, es con su mirada impávida, su sonrisa bobalicona, su porte gallardo que lo choca un auto, que lo hace volar y aterrizar a 5 segundos y dos decimas del punto de impacto. Rápidamente se arma una conmoción en su torno. El conductor apura a sacar su celular y llamar a una ambulancia. Transeúntes se reunen a "ver si está bien" como dicen los transeúntes en estas circunstancias.
Cuando arriba la ambulancia, Timeson está o inconsciente, o aún no se percata de que tuvo un accidente de tránsito. Lo interesante es que la puerta de su casa tampoco se percata y se abre y se cierra al momento. Luego la puerta de la cocina imita a su homóloga de la calle. Para cuando Timeson está a 16 minutos 32 segundos y cuatro decimas, la tetera se llena de agua, la cocina enciende la hornalla superior izquierda y el agua hierve exactamente a seis manzanas del hospital.
El té ya está en el huevo de acero, que ya se sumerge en la tetera de porcelana, que ya se postra sobre el mantel, que ya cubre la mesa, sobre la que ya descansa un platillo, en el que se puede apreciar una preciosa taza de té. Timeson corre por los pasillos en una camilla que se desplaza a cinco segundos por segundos. Los médicos de urgencia se preparan para examinarlo, pero los paramédicos han tardado exactamente tres minutos en entrarlo al hospital; el té ya ha reposado lo suficiente. Y Timeson le agrega azúcar, lo revuelve y toma un sorbo mientras un grupo de desconcertados médicos, enfermeros y paramédicos lo buscan apabullados en un hospital a 18 minutos de su hogar.
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jueves, 4 de agosto de 2011
Y trucos viejos a un perro nuevo?
Nadie escucho llegar al auto. El primer ruido que lo anunció fue el golpe al unisono de la suela de sus zapatos de cuero contra el asfalto. Se puso el sombrero, predió un cigarrillo y entró fumando al bar. Se le dibujó una sonrisa bajo el bigote ni bien cruzó la puerta. Paso despreocupado pero decidido se acercó a la barra
—Un Manhattan—Dijo, más con el índice que con la voz.
Lo escucharon llegar desde cosa de una cuadra, pero para cuando llegó ya se habían olvidado de él. El bastón golpeaba la vereda con más ímpetu que sus alpargatas. Bajo la boina asomaban unas cejas tan pobladas que se distinguía donde estaban sus ojos por el grueso marco de los lentes.
—Servime una grapa—Vociferó desde la puerta ya, pero para cuando llegó, la grapa, de haber sido un café , ya se habría enfriado.
El joven de traje gris y corbata meneó una risa mientras pedía otro Manhattan, y el viejo de tweed le dijo:
—Yo soy vos con unos años más, así que no te rías mocoso.
— ¿Y qué me hizo caer tan bajo, oh, voz de la sabiduría?
—Annabel—Le escupió, antes de tragarce la grapa de un golpe.
—Coincidencia fortuita, mi novia gosa ese mismo nombre-
—Tarado, que es la misma. ¿No te dije que sos yo?
—Pero... ¿por qué Annabel me va hacer caer en desgracia? ¡Ella me quiere con locura!
—El problema no fue ella, sino yo que también la quise con locura. No la pierdas pelotudo, que como yo vas a quedar de todas maneras—Le increpó mientras salía, dejándolo pasmado y pagando la cuenta por una vez.
—Un Manhattan—Dijo, más con el índice que con la voz.
Lo escucharon llegar desde cosa de una cuadra, pero para cuando llegó ya se habían olvidado de él. El bastón golpeaba la vereda con más ímpetu que sus alpargatas. Bajo la boina asomaban unas cejas tan pobladas que se distinguía donde estaban sus ojos por el grueso marco de los lentes.
—Servime una grapa—Vociferó desde la puerta ya, pero para cuando llegó, la grapa, de haber sido un café , ya se habría enfriado.
El joven de traje gris y corbata meneó una risa mientras pedía otro Manhattan, y el viejo de tweed le dijo:
—Yo soy vos con unos años más, así que no te rías mocoso.
— ¿Y qué me hizo caer tan bajo, oh, voz de la sabiduría?
—Annabel—Le escupió, antes de tragarce la grapa de un golpe.
—Coincidencia fortuita, mi novia gosa ese mismo nombre-
—Tarado, que es la misma. ¿No te dije que sos yo?
—Pero... ¿por qué Annabel me va hacer caer en desgracia? ¡Ella me quiere con locura!
—El problema no fue ella, sino yo que también la quise con locura. No la pierdas pelotudo, que como yo vas a quedar de todas maneras—Le increpó mientras salía, dejándolo pasmado y pagando la cuenta por una vez.
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Parafrenico de turno
Caliburnus
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Encuentro... fortuito?
Paró. Respiró hondo. Dio dos pasos y paró en seco. Dio media vuelta y paró una vez más. Apretó los puños. Cerró los ojos. Frunció los labios. Se volvió. Caminó con paso decidido hacia ella. Vio como conversaba con un par de profesoras. Siguió firme. Vio como un hombre alto y fornido se le acercaba. Apretó el paso. Vio como se saludaban con un beso. Siguió de largo.
— ¡Joselo!
Paró en seco, apretó los puños, cerró los ojos, frunció los labios y se volvió con cara de distraído
—Ah, Dalila. No te había visto.
— Ven que te presento a Sansón, el nuevo profesor de educación física.
"¿Cómo puedo ser tan buen actor y tan tímido a la vez? ¿Será que me han maldito las musas?" Pensaba Joselo al tiempo que saludaba con una sonrisa a Sansón, Dalila flamante profesora de biología, la cincuentona profesora de geografía, la sesentona de literatura y la ochentona de historia, que conservaban por sus conocimientos de primera mano...
"Salvado por la campana" Se dijo al tiempo que saludaba con la mano con gestos apurados, mientras subía la escalera del instituto.
—Buen día clase. Soy José Luis Pereira, su nuevo profesor de matemática. Voy a proceder a pasar la lista. ¿Aguirre? ¿Astori? ¿Bertalmio...?
Terminó de pasar la lista, poniendo llegadas tarde a un par de desafortunados, faltas a los de siempre y la dejó sobre el escritorio. Sacó un libro del maletín. Se sentó. Apoyó los pies en el escritorio y se dedicó a leer un libro de una autora que ni sabía el nombre. El aula continuaba vacía.
Cuando escuchó ruidos tras la puerta entró en pánico, tomó sus cosas y se escondió bajo el escritorio.
— ¿No hay nadie en este salón?
Al escuchar cerrarse la puerta suspiró aliviado, pero al escuchar taconazos contra las baldosas contuvo el aire un poco más, y al ver un par de piernas femeninas, enfundadas en medias de nailon, paradas frente al escritorio, abrió los ojos como un conejo encandilado por los focos de un camión, que sabe no puede esquivar, por mucho que toque el claxon.
Quien quiera que fuera se sentó. Y cruzó las piernas, acomodandose la falda inconscientemente. Joselo desvió la mirada inconcientemente. Escuchó un tamborileo. Escuchó un par de golpecitos secos y un suspiro, señal segura de que la clásica postura "antebrazo izquierdo y codo derecho en superficie, mentón en mano derecha" había sido adoptada. Quizá solo tuviera que esperar cosa de una hora arrollado para que no halla contacto... Su celular comienza a sonar en su bolsillo. Cierra los ojos. Aprieta los puños. Frunce los labios.
El grito que propinó ella, o no fue demasiado fuerte, o fue en una frecuencia ultrasonica que los humanos no pueden oír, pero nadie apareció para rescatar al pobre Joselo de dos o tres tortazos. Aparentemente la señorita Popins era profesora de física y despistada. Se equivocó de salón, Joselo le explicó porqué estaba donde estaba, y la señorita Popins le permitió el beneficio de la duda.
— ¡Ay, discúlpeme señor Pereira! ¡Es que soy tan inocente a veces! ¡ Déjeme compensarlo de alguna manera!
—Pero no diga tonterías que cualquiera se confunde en esa situación.
—Ay, no déjeme ver que tengo en la cartera.
— ¿Eh? "Y yo que pensé que se refería a otro tipo de compensación"
—A ver... Tengo esta agenda que viene con un bolígrafo que hace juego, aunque es del 2008 y el bolígrafo ya no escribe... Tengo esto, que no se que es, de hecho. Puede ser una gallina de hojalata o un reloj a cuerda. Y tengo- ¡ASCO! No se que es eso, pero está pegajoso y tiene envoltorio de colores—Dijo camino a la papelera—ESPERO sean unas pastillas viejas... ¡Uh! Esto es perfecto: tengo estas dos entradas para ir al teatro este sábado, ¿que le parece?
—No, si compró dos seguro que era para ir con alguien más.
—No, si mi hermana me las consiguió gratis—Bajó la vista y cambió el tono—Y yo le dije que iba con mi novio, porque me trajo dos y no tuve el valor de decirle que no tengo con quien ir.
—Mmm... Lisístrata... Bueno, en vista que no le costaron nada... Y a mi Aristófanes me encanta... Hagamos esto, yo la acompaño para guardar las apariencias con su hermana, y quedamos a mano. ¿Qué le parece? ¿Trato?
Y estrecharon las manos sonrientemente al tiempo que sonaba la campanada.
Joselo caminaba malhumorado por el pasillo. El manotazo colorado del cachete fue motivo de risitas y comentarios a escondidas en su segunda clase, y no le gustaban las insinuaciones que entre veía en los pasillos. Sobretodo de las alumnas... Subió una escalera que no debía para alejarse del tumulto, y encontró a la señorita Popins con cara de desconcierto y un papel en la mano.
—Se perdió de nuevo.
— Ay, sí. ¿No me podrá ayudar a encontrar el salón 213?
— ¿213? Dejeme ver... Salón 2 B, ese justo ahí.
— ¡Ay, perdone usted, pero puedo ser tan boba a veces!
—No, el la B parece un |3 en esa fuente, es entendible el error—Y le sonrió.
Bajó por la escalera que tampoco le correspondía bajar, y pasó frente adscripción. Y ya que estamos...
—Hola Olga.
—Hola Joselo. ¿Placer o negocios?
—Información. ¿Qué me podes decir de la nueva de Física? Popins.
— ¿Eh? No tengo ninguna nueva de Física. Y menos con ese nombre.
—Es el apellido... Ahora mismo tiene clase en la 2 B.
—No, con ese apellido no tengo a nadie Joselo. Y te digo más: la 2 B no tiene grupo, la van a pintar ahora más tarde.
Subió corriendo por la escalera, trotó por el pasillo, y bajando la velocidad se detuvo frente a la famosa puerta 2 B. Entró y encontró en efecto los pupitres tapados y hasta los tarros de pintura, pero ni rastro de ninguna Popins. Pero sobre el escritorio vio un sobre blanco. Sobre la tela blanca que cubría el mueble parecía puesto a propósito para que nadie lo viera, pero sabía que iba dirigido expresamente a él.
"Estimado señor José Luis Pereira:
Queda usted invitado cordialmente a un almuerzo romántico, este mismo mediodía, en el restaurant "Lo de Julia" Se que le queda conveniente, por encontrarse a meras dos cuadras de su hogar.
Sin más lo espera, siempre suya:
— ¡Ay, discúlpeme señor Pereira! ¡Es que soy tan inocente a veces! ¡ Déjeme compensarlo de alguna manera!
—Pero no diga tonterías que cualquiera se confunde en esa situación.
—Ay, no déjeme ver que tengo en la cartera.
— ¿Eh? "Y yo que pensé que se refería a otro tipo de compensación"
—A ver... Tengo esta agenda que viene con un bolígrafo que hace juego, aunque es del 2008 y el bolígrafo ya no escribe... Tengo esto, que no se que es, de hecho. Puede ser una gallina de hojalata o un reloj a cuerda. Y tengo- ¡ASCO! No se que es eso, pero está pegajoso y tiene envoltorio de colores—Dijo camino a la papelera—ESPERO sean unas pastillas viejas... ¡Uh! Esto es perfecto: tengo estas dos entradas para ir al teatro este sábado, ¿que le parece?
—No, si compró dos seguro que era para ir con alguien más.
—No, si mi hermana me las consiguió gratis—Bajó la vista y cambió el tono—Y yo le dije que iba con mi novio, porque me trajo dos y no tuve el valor de decirle que no tengo con quien ir.
—Mmm... Lisístrata... Bueno, en vista que no le costaron nada... Y a mi Aristófanes me encanta... Hagamos esto, yo la acompaño para guardar las apariencias con su hermana, y quedamos a mano. ¿Qué le parece? ¿Trato?
Y estrecharon las manos sonrientemente al tiempo que sonaba la campanada.
Joselo caminaba malhumorado por el pasillo. El manotazo colorado del cachete fue motivo de risitas y comentarios a escondidas en su segunda clase, y no le gustaban las insinuaciones que entre veía en los pasillos. Sobretodo de las alumnas... Subió una escalera que no debía para alejarse del tumulto, y encontró a la señorita Popins con cara de desconcierto y un papel en la mano.
—Se perdió de nuevo.
— Ay, sí. ¿No me podrá ayudar a encontrar el salón 213?
— ¿213? Dejeme ver... Salón 2 B, ese justo ahí.
— ¡Ay, perdone usted, pero puedo ser tan boba a veces!
—No, el la B parece un |3 en esa fuente, es entendible el error—Y le sonrió.
Bajó por la escalera que tampoco le correspondía bajar, y pasó frente adscripción. Y ya que estamos...
—Hola Olga.
—Hola Joselo. ¿Placer o negocios?
—Información. ¿Qué me podes decir de la nueva de Física? Popins.
— ¿Eh? No tengo ninguna nueva de Física. Y menos con ese nombre.
—Es el apellido... Ahora mismo tiene clase en la 2 B.
—No, con ese apellido no tengo a nadie Joselo. Y te digo más: la 2 B no tiene grupo, la van a pintar ahora más tarde.
Subió corriendo por la escalera, trotó por el pasillo, y bajando la velocidad se detuvo frente a la famosa puerta 2 B. Entró y encontró en efecto los pupitres tapados y hasta los tarros de pintura, pero ni rastro de ninguna Popins. Pero sobre el escritorio vio un sobre blanco. Sobre la tela blanca que cubría el mueble parecía puesto a propósito para que nadie lo viera, pero sabía que iba dirigido expresamente a él.
"Estimado señor José Luis Pereira:
Queda usted invitado cordialmente a un almuerzo romántico, este mismo mediodía, en el restaurant "Lo de Julia" Se que le queda conveniente, por encontrarse a meras dos cuadras de su hogar.
Sin más lo espera, siempre suya:
Julia Popins."
Y todo muy bonito si no fuera que la carta estaba "escrita" con todas y cada una de las palabras recortadas de revistas y pegadas minuciosamente para formar las frases...
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Parafrenico de turno
Caliburnus
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sábado, 14 de mayo de 2011
Sin despedidas
Una carretera de tierra cruza de norte a sur una vía de tren que cruza de horizonte a horizonte. En el cruce se alza un precario edificio de madera pintada de azul marino, con techo a dos aguas de tejas verdeazuladas. Los tonos frescos resaltan en el desolado paisaje, como si hubieran plantado un oasis; los tonos dorados de las espigas en los campos, le gritan verano a los ocres y marrones rojizos de los árboles que ya suspiran otoño; incluso lo único que rompe el horizonte son unas montañas de tierra colorada. Junto a la estación hay una torre de acero oxidado, como una aguja clavada en un costado del cielo. Fue diseñada para ser un mástil de amarre de dirigibles. Junto a la cima en chuza se distinguen vagamente las escalerillas, y los sistemas de poleas y engranajes que permiten bajar a los pasajeros por la escalera de caracol que recorre el centro.
Solo hay dos operarios. Uno mira desde la taquilla con los párpados cansados, bigote finito, raya al medio, y un poncho color arena. El otro ronca en una silla junto a la ventana de la taquilla. La bulbosa nariz colorada hace juego con la barba roja, que a su vez parece tupida para compensar la cabellera rala y escasa. Casco de minero en la cabeza, mono color café, pies descalzos, con medias que en alguna época fueron blancas, y el dedo gordo del pie derecho asomando por un agujero, junto a la silla duermen una siesta las botas estilo militar.
Esa fue la imagen que recibió a Pasión y Respeto al llegar. Respeto se bajó primero para ayudar a Pasión. Traje gris humo, todo parejo, y de una pulcritud inlograble después de horas de cabalgar. Se quitó la capucha de la capa negra, y se subió los anteojos a la frente para que le sujetaran las rastas que bajaban hasta media espalda. Pasión montaba de costado por la larga pollera de su vestido blanco. Se quitó los anteojos y se los entregó a Respeto. Caminó con paso seguro hasta la taquilla, con las altas botas negras apenas asomando bajo el fruncido de la pollera. Llevaba una capellina blanca y varias tiras de cuero rojas ceñidas por hebillas de cobre; una cruzada oblicuamente desde arriba del hombro hasta bajo las costillas opuestas, otra en la cintura dando dos vueltas, otra en la cadera media ladeada a la izquierda, otra en el antebrazo derecho con cuatro vueltas, y una sobre el bíceps izquierdo con tres vueltas; con una chalina roja sobre los hombros.
—Hola, quiero un billete a Oniria.
— ¿De tren o de dirigible?
— ¿Cuál llega primero?
—El tren llega en un par de horas, el dirigible viene una vez a la semana. Hoy, pero no se cuando.
—Bueno, entonces esperaré, y compraré el que llegue primero.
—El billete de tren sale dos denarios, el de dirigible sale doce.
—Cambié de opinión. Quiero un billete de tren a Oniria.
El operario sonrió y le entregó el billete que tenía en la mano desde que los vio bajar del lince montes. Se sentaron a esperar en un banco de madera que daba a las vías. No había más sonido que el ronquido del otro operario y el zumbido de una mosca. El sol entibiaba el frió seco de modo intermitente entre las nubes. Pasaron las horas y ninguno había dicho palabra. Se ve el humo del tren que llega a la distancia.
—No vayas Pasión.
—Dame un motivo para no ir.
—Porque yo no quiero que vayas.
—Pero yo quiero ir.
—Quedate conmigo. Él no te merece. Si te hace sufrir nunca me perdonaré, y se que te hará sufrir. Conozco su tipo.
—Yo también se que me hará sufrir. Me hará sufrir tanto que la fuerza para mantenerme viva se escapará de mis miembros, y mi ser no me podrá mantener en pie un minuto más. Se que me hará sufrir porque lo amo con locura. Lo amo con toda la fuerza que mi corazón me permite y por eso se que me hará sufrir con tanta fuerza como pueda soportar antes de desfallecer. Pero valdrán la pena mil años de condena por un minuto de la felicidad que me provoca cada instante que está a mi lado. Así que lo amaré igual. Se que me hará sufrir porque se que lo voy a seguir amando hasta que él ya no me ame.
El tren llega. Respeto mira el suelo. Pasión se levanta del banco, camina lentamente a la puerta del tren y se sube sin mirar atrás. Respeto se coloca los anteojos y la capucha, y sale al galope al tiempo que el tren parte con destino al horizonte.
Solo hay dos operarios. Uno mira desde la taquilla con los párpados cansados, bigote finito, raya al medio, y un poncho color arena. El otro ronca en una silla junto a la ventana de la taquilla. La bulbosa nariz colorada hace juego con la barba roja, que a su vez parece tupida para compensar la cabellera rala y escasa. Casco de minero en la cabeza, mono color café, pies descalzos, con medias que en alguna época fueron blancas, y el dedo gordo del pie derecho asomando por un agujero, junto a la silla duermen una siesta las botas estilo militar.
Esa fue la imagen que recibió a Pasión y Respeto al llegar. Respeto se bajó primero para ayudar a Pasión. Traje gris humo, todo parejo, y de una pulcritud inlograble después de horas de cabalgar. Se quitó la capucha de la capa negra, y se subió los anteojos a la frente para que le sujetaran las rastas que bajaban hasta media espalda. Pasión montaba de costado por la larga pollera de su vestido blanco. Se quitó los anteojos y se los entregó a Respeto. Caminó con paso seguro hasta la taquilla, con las altas botas negras apenas asomando bajo el fruncido de la pollera. Llevaba una capellina blanca y varias tiras de cuero rojas ceñidas por hebillas de cobre; una cruzada oblicuamente desde arriba del hombro hasta bajo las costillas opuestas, otra en la cintura dando dos vueltas, otra en la cadera media ladeada a la izquierda, otra en el antebrazo derecho con cuatro vueltas, y una sobre el bíceps izquierdo con tres vueltas; con una chalina roja sobre los hombros.
—Hola, quiero un billete a Oniria.
— ¿De tren o de dirigible?
— ¿Cuál llega primero?
—El tren llega en un par de horas, el dirigible viene una vez a la semana. Hoy, pero no se cuando.
—Bueno, entonces esperaré, y compraré el que llegue primero.
—El billete de tren sale dos denarios, el de dirigible sale doce.
—Cambié de opinión. Quiero un billete de tren a Oniria.
El operario sonrió y le entregó el billete que tenía en la mano desde que los vio bajar del lince montes. Se sentaron a esperar en un banco de madera que daba a las vías. No había más sonido que el ronquido del otro operario y el zumbido de una mosca. El sol entibiaba el frió seco de modo intermitente entre las nubes. Pasaron las horas y ninguno había dicho palabra. Se ve el humo del tren que llega a la distancia.
—No vayas Pasión.
—Dame un motivo para no ir.
—Porque yo no quiero que vayas.
—Pero yo quiero ir.
—Quedate conmigo. Él no te merece. Si te hace sufrir nunca me perdonaré, y se que te hará sufrir. Conozco su tipo.
—Yo también se que me hará sufrir. Me hará sufrir tanto que la fuerza para mantenerme viva se escapará de mis miembros, y mi ser no me podrá mantener en pie un minuto más. Se que me hará sufrir porque lo amo con locura. Lo amo con toda la fuerza que mi corazón me permite y por eso se que me hará sufrir con tanta fuerza como pueda soportar antes de desfallecer. Pero valdrán la pena mil años de condena por un minuto de la felicidad que me provoca cada instante que está a mi lado. Así que lo amaré igual. Se que me hará sufrir porque se que lo voy a seguir amando hasta que él ya no me ame.
El tren llega. Respeto mira el suelo. Pasión se levanta del banco, camina lentamente a la puerta del tren y se sube sin mirar atrás. Respeto se coloca los anteojos y la capucha, y sale al galope al tiempo que el tren parte con destino al horizonte.
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Parafrenico de turno
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achaques románticos,
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lunes, 14 de febrero de 2011
Morir es vivir lentamente
Camina cargando un muerto. Lastima que no sabe que ese muerto habita en su piel. ¿Qué es vivir sino morir lentamente? Lo iba a averiguar, así le tomara toda la eternidad averiguarlo. Entró a la cocina y tomó la cuchilla. El frío era lo ultimo que quería sentir, así que se desnudo y fue con el cuerpo abierto al cuarto de baño. Dejó correr la helada agua por la ducha, esa lluvia artificial que limpiaba solo lo exterior. Un diciembre de los fríos. En el aniversario de su cumpleaños. El día más corto, la noche más larga. Y ni idea tenía de cuan larga.
Temblando por el frío cortó su muñeca. Esta vez sí. Esta vez vio correr la vitae tibia por el brazo, y era casi un calor que quemara en anteposición. Se comenzó a marear, se sentó. Empezó a perder el conocimiento, y luego, de repente lo recuperó. Pero no se podía mover. No podía ver, oír, sentir. Ni el frío helado de la ducha, ni la tivieza de su sangre. Nada. Si vivir es morir lentamente, ¿morir es vivir apresuradamente?
El tiempo empezó a ralentizarce para él, la vida comenzó a alargarce, y una segunda vida le fue regalada por el simple hecho de haber muerto. Pero estaba atrapado en un caparazón oscuro e insensible. ¿Qué vida puede uno tener sin un cuerpo? ¡Pero no! ¡No era una perdida, sino una ganancia! Ahora no tendía que soportar las ataduras de un cuerpo!
Comenzó a crear un mundo en su mente, con las más grandes maravillas. Incapaces de ser en su vida anterior.
¿Ser millonario? ¿Rey del mundo? Eso es pensar dentro del marco de un simple mortal impotente. Aquí era el alpha y el omega. Explorador del poder de su mente en esos recónditos confines que comenzaron a pensar por si mismos. Un universo fractal que se retroalimentaba para dar lugar a una vida. Y al fragmentarce su mente, después de eones de una vida de inimaginables existencias cohexistiendo, una vida se separó de las demás. Una quiso vivir. Una quiso ser, no solo pensar.
Y comenzó a crear el universo de nuevo, desde el centro de la galaxia hasta el centro del sistema solar, hasta el centro del planeta. Y millones de mentes más surgieron de los fragmentos de este fragmento.
Y de las infinitas personas que habitaban el organismo que estaba simulando un universo, yo desperté y me encontré desnudo en un baño, con mi brazo sangrando, al borde de la conciencia, por hipotermia, por desangramiento, pero viví, aunque solo sean estos segundos antes de morir y de llevarme a todos ustedes conmigo.
Parte explicada:
El Solipsista, Fredric Brown
A Bunch of Rocks
Temblando por el frío cortó su muñeca. Esta vez sí. Esta vez vio correr la vitae tibia por el brazo, y era casi un calor que quemara en anteposición. Se comenzó a marear, se sentó. Empezó a perder el conocimiento, y luego, de repente lo recuperó. Pero no se podía mover. No podía ver, oír, sentir. Ni el frío helado de la ducha, ni la tivieza de su sangre. Nada. Si vivir es morir lentamente, ¿morir es vivir apresuradamente?
El tiempo empezó a ralentizarce para él, la vida comenzó a alargarce, y una segunda vida le fue regalada por el simple hecho de haber muerto. Pero estaba atrapado en un caparazón oscuro e insensible. ¿Qué vida puede uno tener sin un cuerpo? ¡Pero no! ¡No era una perdida, sino una ganancia! Ahora no tendía que soportar las ataduras de un cuerpo!
Comenzó a crear un mundo en su mente, con las más grandes maravillas. Incapaces de ser en su vida anterior.
¿Ser millonario? ¿Rey del mundo? Eso es pensar dentro del marco de un simple mortal impotente. Aquí era el alpha y el omega. Explorador del poder de su mente en esos recónditos confines que comenzaron a pensar por si mismos. Un universo fractal que se retroalimentaba para dar lugar a una vida. Y al fragmentarce su mente, después de eones de una vida de inimaginables existencias cohexistiendo, una vida se separó de las demás. Una quiso vivir. Una quiso ser, no solo pensar.
Y de las infinitas personas que habitaban el organismo que estaba simulando un universo, yo desperté y me encontré desnudo en un baño, con mi brazo sangrando, al borde de la conciencia, por hipotermia, por desangramiento, pero viví, aunque solo sean estos segundos antes de morir y de llevarme a todos ustedes conmigo.
Parte explicada:
El Solipsista, Fredric Brown
A Bunch of Rocks
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Parafrenico de turno
Caliburnus
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3:55 a. m.
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sufrieron
parafrenia literaria
domingo, 6 de febrero de 2011
Apasionado
Tiró la colilla y la piso con odio. Era esa maldita ciudad, lo sacaba de sus casillas. Era como un enorme burdel, con juergas incontrolables; si la estupidez fuese contagiosa explicaría la epidemia que la metrópolis estaba sufriendo; la corrupción era la orden del día y ellos seguían felices con los gobernantes que elegían; felices en sus orgías y sus desenfrenos.
Quería que todo ardiera, y con ese pensamiento prendió otro cigarrillo. La llama danzaba frente a su rostro, iluminando levemente, y encendiendo algo mas que el tabaco: encendía un deseo de más fuego.Tomo los restos mortales del segundo cigarrillo entre el indice y pulgar de la mano derecha, cerro el ojo izquierdo y la lanzo hacia el edificio al tiempo que dijo, con una sonrisa: Puff...
Volvió a su auto destartalado. Tenia que llenar el tanque que acababa de llenar...
Predio la radio:
-timos reportes sobre disturbios pa-tacados por maleantes enmascara-junto rifas en mi bicicleta.
La vos del anciano le trajo un poco de esperanza y soltó el dial:
-Era mi posesión mas preciada. Ahora no puedo ni trabajar.-Esta conmovedora historia, sobre un pobre anciano que tuvo un accidente, y tras pasar un mes hospitalizado regresa a su casa para encontrarla totalmente vacía, es increíble. No dejaron ni los cables de cobre en-click
Apago la radio y prendió otro cigarro. Vio las prostitutas y los puteros de siempre al pasar, y casi que los saluda. Pero los traficantes de sexo realmente le asqueaban, tanto los compradores como los vendedores. Estaba lloviendo ligeramente.
Fue tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar. Mas tarde lo recordaría como un borrón de carretera girando, mezclado con ruido de ruedas chirriando. Un amasijo de metal retorciendoce fue lo que encontró al despertar. Había llamas por doquier. No pudo evitar sonreír. Aun cuando el camión cisterna casi lo mata, no pudo evitar sonreír al ver que tenia a su disposición miles de litros de gasolina...
La lluvia apagaba las leves llamas que salían de su auto, asegurando que pudiera ver un mañana. Igual debía actuar rápido: la lluvia se apagaba tan rápido como el fuego.
Salió de lo que alguna vez fuera su vehículo, y rengueando encaminó al camión cisterna que lo llamaba como una sirena de fuego. El chofer era un obeso hombre blanco, con una bonita pelada, una camisa celeste y la cara apoyada contra la bocina, provocando un increiblemente molesto sonido.
Sacó al conductor con no poco trabajo y se subió al volante de la bestia que le pedía a gritos que la violentara contra algo odioso.
La imagen del fuego relampagueaba tras sus pupilas, como un tatuaje del inconsciente. Era feliz. No porque fuera una solución a todos sus problemas, no porque fuera a arreglar la ciudad de mierda en la que estaba obligado a habitar, no porque fuera a cambiar las cabezas llenas de estupidez de las ratas con las que coexistía.
No. Era porque tenia mucho combustible, y eso significaba mucho fuego, y el fuego lo hacia feliz per se. No solía arreglar las cosas, pero era la solución que mas le gustaba. Sonrió y saco un cigarrillo.
"¿Donde mierda deje los fósforos?"
Su cara se prendió como un fósforo al darse cuenta de que no tenia fuego encima. Comenzó a palparse los bolsillos desesperadamente. Y al buscar en la guantera vio una pegotin contra el humo de tabaco.
"Claro, comes como hijo de puta pero no fumas porque te hace mal al corazón"
Y no tuvo mas remedio que parar en un comercio a comprar fósforos... Empapado en combustible y en un camión robado...
— ¡Opa hombre! Lo agarró la lluvia ¿eh?
—Fuego, preciso fuego.
Su dialogo hacia juego con su apariencia: su largo y enmarañado pelo, su barba de ni el sabe cuantos días, su ropa apestando a combustible, su mirada de loco, el cigarrillo apagado en la boca.
—Esto es una estación de servicio, no puede fumar acá. Pero yo le presto fuego.
Y vaya si le prestó fuego. Icaro no se alejó como le advirtiera su benefactor, sino que le quitó el encendedor de las manos y lo prendió en un solo movimiento.
—Oiga... tranquilo. ¿Está bien? Su camión no está en muy buen estado... ¿Qué hace con el encendedor? No juegue con eso hombre. ¡Oiga!
Icaró ardió con fuerza, y bailó y rió. El dolor no importaba, el fuego limpiaba todas las heridas... Ya se vengaría de todos ellos, ahora el era fuego también...
Quería que todo ardiera, y con ese pensamiento prendió otro cigarrillo. La llama danzaba frente a su rostro, iluminando levemente, y encendiendo algo mas que el tabaco: encendía un deseo de más fuego.Tomo los restos mortales del segundo cigarrillo entre el indice y pulgar de la mano derecha, cerro el ojo izquierdo y la lanzo hacia el edificio al tiempo que dijo, con una sonrisa: Puff...
Volvió a su auto destartalado. Tenia que llenar el tanque que acababa de llenar...
Predio la radio:
-timos reportes sobre disturbios pa-tacados por maleantes enmascara-junto rifas en mi bicicleta.
La vos del anciano le trajo un poco de esperanza y soltó el dial:
-Era mi posesión mas preciada. Ahora no puedo ni trabajar.-Esta conmovedora historia, sobre un pobre anciano que tuvo un accidente, y tras pasar un mes hospitalizado regresa a su casa para encontrarla totalmente vacía, es increíble. No dejaron ni los cables de cobre en-click
Apago la radio y prendió otro cigarro. Vio las prostitutas y los puteros de siempre al pasar, y casi que los saluda. Pero los traficantes de sexo realmente le asqueaban, tanto los compradores como los vendedores. Estaba lloviendo ligeramente.
Fue tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar. Mas tarde lo recordaría como un borrón de carretera girando, mezclado con ruido de ruedas chirriando. Un amasijo de metal retorciendoce fue lo que encontró al despertar. Había llamas por doquier. No pudo evitar sonreír. Aun cuando el camión cisterna casi lo mata, no pudo evitar sonreír al ver que tenia a su disposición miles de litros de gasolina...
La lluvia apagaba las leves llamas que salían de su auto, asegurando que pudiera ver un mañana. Igual debía actuar rápido: la lluvia se apagaba tan rápido como el fuego.
Salió de lo que alguna vez fuera su vehículo, y rengueando encaminó al camión cisterna que lo llamaba como una sirena de fuego. El chofer era un obeso hombre blanco, con una bonita pelada, una camisa celeste y la cara apoyada contra la bocina, provocando un increiblemente molesto sonido.
Sacó al conductor con no poco trabajo y se subió al volante de la bestia que le pedía a gritos que la violentara contra algo odioso.
La imagen del fuego relampagueaba tras sus pupilas, como un tatuaje del inconsciente. Era feliz. No porque fuera una solución a todos sus problemas, no porque fuera a arreglar la ciudad de mierda en la que estaba obligado a habitar, no porque fuera a cambiar las cabezas llenas de estupidez de las ratas con las que coexistía.
No. Era porque tenia mucho combustible, y eso significaba mucho fuego, y el fuego lo hacia feliz per se. No solía arreglar las cosas, pero era la solución que mas le gustaba. Sonrió y saco un cigarrillo.
"¿Donde mierda deje los fósforos?"
Su cara se prendió como un fósforo al darse cuenta de que no tenia fuego encima. Comenzó a palparse los bolsillos desesperadamente. Y al buscar en la guantera vio una pegotin contra el humo de tabaco.
"Claro, comes como hijo de puta pero no fumas porque te hace mal al corazón"
Y no tuvo mas remedio que parar en un comercio a comprar fósforos... Empapado en combustible y en un camión robado...
— ¡Opa hombre! Lo agarró la lluvia ¿eh?
—Fuego, preciso fuego.
Su dialogo hacia juego con su apariencia: su largo y enmarañado pelo, su barba de ni el sabe cuantos días, su ropa apestando a combustible, su mirada de loco, el cigarrillo apagado en la boca.
—Esto es una estación de servicio, no puede fumar acá. Pero yo le presto fuego.
Y vaya si le prestó fuego. Icaro no se alejó como le advirtiera su benefactor, sino que le quitó el encendedor de las manos y lo prendió en un solo movimiento.
—Oiga... tranquilo. ¿Está bien? Su camión no está en muy buen estado... ¿Qué hace con el encendedor? No juegue con eso hombre. ¡Oiga!
Icaró ardió con fuerza, y bailó y rió. El dolor no importaba, el fuego limpiaba todas las heridas... Ya se vengaría de todos ellos, ahora el era fuego también...
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