sábado, 2 de marzo de 2013

Irr vive

Desperté en un basural. Entre restos y despojos. Con una cascara de banana como corona. Era el rey caído, pero ¿de qué reino? El tiempo develaría esos secretos y tantos otros. Pero por ahora era menester un café. Mi cabeza daba vueltas como las ruedas de un auto que gira torno a la mazana una y otra vez. Busqué apoyo en la pared para vomitar bilis. Mis entrañas estaban tan vacías como las de un neonáto. ¨Y puede que eso sea¨, pensé. ¨Si es que he nacido, mejor este ajuar que un pesebre ¨ me dije también. Pero no podía ser neonato, pues llevaba ropa puesta. El saco y la camisa completamente ajados en las mangas, y las perneras de los pantalones, si bien llegaban a los tobillos, eran finas tiras de trapo de la rodilla hacia abajo. Y descalzo, obviamente. ¿De qué otra manera iba a surgir al mundo? Me pregunto por qué el diablo va descalzo, y me temo que es otra pregunta para la cual no tengo respuesta. ¨Una corbata, eso sí que es útil en este momento¨ pensé, y revisé el contenido de mis bolsillos en busca de dinero. No se si me asombró más ver el rollo de billetes de cien, o que supiera lo que era un billete. Separé uno y me fui al bar más cercano. Con dinero encima no me dejarían fuera por más que me viera así.
Entré bamboleandome. Ignoré las miradas de la gente y me senté en una mesa del fondo. El humo de tabaco y la penumbra no fueron tan útiles como el cinismo ajeno. Una mesera se aproximó y sin mirarla siquiera le tendí el billete y pedí un café una copa. El café para reanimarme, la copa porque precisaba un trago. La niebla del recuerdo no era lo que buscaba ahora que mi conciencia despertaba del letargo. Si había olvidado, seguro que tenía mis motivos. Yo no hacía nada que no fuera premeditado. ¿O sí? No, no podía ser. Seguro que olvidé por algo. La camarera dejó el café y el trago uno junto al otro. Después de tomar el café me arrepentí. Ya se que no actúa tan rápido, el café hace pico en sangre a la hora, más o menos. Pero digamos que fue el efecto condicionado por el mero aroma del café, pero me desperté ligeramente... Y eso fue suficiente: Sentí curiosidad.
Quería saber. ¡Necesitaba saber! ¿Qué fue lo que olvidé? ¿Por qué me resigné de esa manera a perderlo de  los antros de mi cerebro? No, ahora debía saber qué. Qué y porqué. Ya nada sería suficiente, ya mi vida no tendría sentido  No, peor aún, mi pasado había dejado de existir, y mi futuro se vería consumido por el mismo. ¿Cómo pude ser tan tonto? ¿Acaso no pensé que sentiría la curiosidad suficiente como para que en lugar de borrar mi memoria, una bala hubiera sido menos cruel? A menos que lo hiciera a propósito, porque sabría que no descansaría hasta recuperar mis recuerdos. ¡Sí, tal vez ahora DEBÍA recobrar mi memoria! 
Tomé el vaso de un sorbo y fui hasta la barra. Ahí, y solo ahí, noté que la gente me miraba demasiado, aún para un andrajoso despojo humano con fajos de billetes que despilfarrar. La nota final fue el grito que propinó mesera al darse la vuelta y verme la cara. Corrí al baño y me miré en el espejo.
Cuando terminé de llorar me incorporé y miré mi desfigurado rostro una vez más.
Tonto de mi, pensar que la decisión de borrar mi memoria fuese mía. Mi ropa ya no estaba ajada, ahora estaba chamuscada. Y de las flamas del infierno renací para vivir un día más.

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