¿Influencias?

Aquí voy a mostrar una pequeña selección de mis autores favoritos. Espero que coincidan en varios puntos. Enjoy.



Julio Cortazar: La foto salio movida


Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos estan donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblenrente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo esta algo ladeado lo que ve es el paraguero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.




Charles Baudelaire: A la que pasa


La avenida estridente en torno de mí aullaba.
Alta, esbelta, de luto, en pena majestuosa,
Pasó aquella muchacha. Con su mano fastuosa
Casi apartó las puntas del velo que llevaba.

Ágil y ennoblecida por sus piernas de diosa,
Me hizo beber crispado, con un gesto demente,
En sus ojos el cielo y el huracán latente,
El dulzor que fascina y el placer que destroza.

Relámpago en tinieblas, fugitiva belleza,
Por tu brusca mirada me siento renacido.
¿Volveré acaso a verte? ¿Serás eterno olvido?

¿Jamás, lejos, mañana?, pregunto con tristeza.
Nunca estaremos juntos. Ignoro adónde irías.
Sé que te hubiera amado. Tú también lo sabías.




Isaac Asimov: Como ocurrió


Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ése que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras.
—En el principio —dijo—, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo...
Pero yo había dejado de escribir.
—¿Hace quince mil doscientos millones de años? —pregunté, incrédulo.
—Exactamente —dijo—. Estoy inspirado.
—No pongo en duda tu inspiración —aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.)—. Pero, ¿vas a contar la historia de la Creación a lo largo de un periodo de más de quince mil millones de años?
—Tengo que hacerlo. Ése es el tiempo que llevo. Lo tengo todo aquí dentro —dijo, palmeándose la frente—, y procede de la más alta autoridad.
Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.
—¿Sabes cuál es el precio del papiro?— dije.
—¿Qué?
Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro.
—Supongamos que describes un millón de años de acontecimientos en cada rollo de papiro. Eso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendrás que hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo tendré que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabaran cayendo. Además, aunque podamos comprar todo ese papiro, y tu tengas la voz y la fuerza suficientes, ¿quién va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones, ¿cómo vamos a obtener derechos de autor?
Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:
—¿Crees que deberíamos acortarlo un poco?
—Mucho —puntualicé, si esperas llegar al gran público.
—¿Qué te parecen cien años?
—¿Qué te parecen seis días?
—No puedes comprimir la Creación en sólo seis días —dijo, horrorizado.
—Ése es todo el papiro de que dispongo —le aseguré—. Bien, ¿qué dices?
—Oh, está bien —concedió, y empezó a dictar de nuevo—. En el principio...
—¿De veras han de ser solo seis días, Aaron?
— Seis días, Moisés —dije firmemente.




Fredric Brown: Pesadilla en gris


Se despertó sintiéndose maravillosamente bien, bajo el cálido y brillante sol de primavera. Se había quedado dormido durante algo menos de media hora, según pudo deducir por el ángulo de las sombras que formaba el sol y que apenas habían cambiado.

El parque se veía hermoso con el verdor de la primavera, más suave que el del verano; el día resultaba magnifico y él era joven y estaba enamorado. Locamente enamorado, maravillosamente enamorado. Y feliz en su amor: la noche anterior, sábado, se había declarado a Susana y ella le aceptó, más o menos. No le dio un sí definitivo, pero le invitó para que esa tarde le conociese su familia, y le dijo que deseaba que ellos le quisieran y él a ellos. Si eso no significaba la aprobación, ¿entonces qué era? Se habían enamorado casi a primera vista, y por eso aún ni siquiera conocía a sus padres.

¡Oh, la dulce Susana, con los suaves cabellos castaños, la graciosa naricilla, las pecas marcadas y los grandes ojos de color café!

Era la mujer más maravillosa que uno pudiera desear.

Bueno, ya era tarde: Susana le había citado a esa hora. Se levantó del banco y, como sentía los músculos un poco entumecidos por la siesta, bostezó voluptuosamente. Se dirigió hacia la casa, que quedaba a unas manzanas de la suya.

Subió los escalones y llamó a la puerta. Esta se abrió y por un segundo se imaginó que la propia Susana salía a abrirle, pero no fue así. Probablemente se trataba de su hermana; Susana había mencionado que tenía una hermana un año menor que ella.

Se inclinó y se presentó, preguntando por Susana. Le pareció que la muchacha le miraba con extrañeza. Después le dijo:

- Pase, por favor. Ella no está en este momento, pero si gusta aguardar en la sala...

Esperó en la sala. Le extrañó que ella hubiera salido.

Entonces oyó la voz de la chica que le había recibido, hablando en el vestíbulo y, con explicable curiosidad, se levantó y fue a la puerta para escuchar. Parecía estar hablando por teléfono.

- Harry, por favor ven enseguida y trae contigo al doctor. Sí, es el abuelo... No, no es otro ataque al corazón. Es como la vez que le dio amnesia y pensó que la abuela aún vivía. No, no es demencia senil, Harry, es sólo amnesia, pero esta vez la cosa es peor. Cincuenta años menos... su memoria es la de cuando aún no se había casado con la abuela...

Repentinamente viejo, envejecido cincuenta años en cincuenta segundos, lloró en silencio, recostado en el marco de la puerta.




Oliverio Girondo: Espantapájaros


No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
-no les perdono, bajo ningún pretexto,
que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese,
volando, de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.




Terry Pratchett: La muerte y lo que viene después


Cuando la Muerte se encontró al filósofo, el filósofo dijo, bastante excitado:

En este momento, ¿os dais cuenta?, estoy muerto y no muerto.
La Muerte suspiró. Oh, vaya, uno de esos, pensó. Va a ser la cuántica otra vez. Odiaba tratar con filósofos. Siempre intentaban librarse de su destino.
Verá —dijo el filósofo, mientras la Muerte observaba como las arenas de su tiempo se desplazaban en el reloj de arena—, todo está hecho de partículas diminutas, que tienen la extraña propiedad de estar en muchos sitios a la vez. Pero las cosas formadas por partículas diminutas tienden a estar en un solo sitio a la vez, lo que no parece ser correcto de acuerdo con la teoría cuántica. ¿Puedo continuar?
SÍ, PERO NO INDEFINIDAMENTE —dijo la Muerte—. TODO ES EFÍMERO —no apartó la mirada de la arena que caía.
Bien, entonces, si estamos de acuerdo en que hay un infinito número de universos, ¡esta cama puede estar en millones de ellos al mismo tiempo!
¿SE MUEVE?
¿Qué?
La Muerte hizo un gesto en dirección a la cama.
¿NOTAS SI SE MUEVE? —preguntó.
No, porque también hay millones de versiones mías. Y... esto es lo bueno... ¡algunas no están a punto de morir! ¡Cualquier cosa es posible!
La Muerte dio unos golpes al mango de su guadaña mientras lo consideraba.
¿Y TODO ESTO QUIERE DECIR QUE...?
Bueno, que no estoy muriendo exactamente, ¿correcto? Ya no sois una certeza.
La Muerte suspiró. Es el espacio, pensó. Ese es problema. No era así en mundos con cielos perpetuamente cubiertos por nubes. Pero una vez los humanos ven todo el espacio, sus cerebros se expanden para tratar de abarcarlo.
No tenéis respuesta, ¿eh? —comentó el filósofo moribundo—. Os sentís un poco anticuados, ¿verdad?
SIN DUDA ESTO ES UN ACERTIJO —dijo la Muerte. Una vez rezaron, pensó. Pero, vaya, Él tampoco había estado nunca seguro de que rezar funcionara. Lo pensó un rato—. Y TE LO RESPONDERÉ ASÍ —añadió—. ¿QUIERES A TU ESPOSA?
¿Qué?
LA MUJER QUE TE HA ESTADO CUIDANDO. ¿LA QUIERES?
Si, por supuesto.
PUEDES IMAGINARTE UNA SITUACIÓN EN LA QUE, SIN CAMBIAR PARA NADA TU HISTORIA PERSONAL, COJAS AHORA MISMO UN CUCHILLO Y SE LO CLAVES —dijo la Muerte—. ¿POR EJEMPLO?
¡Evidentemente no!
PERO TU TEORÍA DICE QUE SÍ. ES FÁCILMENTE POSIBLE EN LAS LEYES FÍSICAS DEL UNIVERSO, Y ADEMÁS DEBE OCURRIR, Y MUCHAS VECES. CADA MOMENTO ES UN BILLÓN DE BILLONES DE MOMENTOS, Y EN ESOS MOMENTOS LAS COSAS QUE SON POSIBLES SON INEVITABLES. TODO EL TIEMPO, MÁS TARDE O MÁS TEMPRANO, SE REDUCE A UN MOMENTO.
Pero nosotros, por supuesto, podemos hacer elecciones...
¿EXISTEN ESAS ELECCIONES? TODO LO QUE PUEDE OCURRIR, HA DE OCURRIR. TU TEORÍA DICE QUE PARA CADA UNIVERSO QUE SE FORMA PARA ADAPTARSE A TU "NO", DEBE HABER UNO QUE SE ACOMODE A TU "SÍ". PERO TÚ HAS DICHO QUE NUNCA ASESINARÍAS A TU ESPOSA. LA FÁBRICA DEL COSMOS SE ESTREMECE ANTE TU TERRIBLE SEGURIDAD. TU MORALIDAD SE CONVIERTE EN UNA FUERZA CON TANTO PODER COMO LA GRAVEDAD —Y el espacio, pensó la Muerte, tiene mucho de lo qué responder.
¿Eso ha sido un sarcasmo?
EN REALIDAD, NO. ESTOY IMPRESIONADO E INTRIGADO —dijo la Muerte—. LA CUESTIÓN QUE ME HAS PLANTEADO PRUEBA LA EXISTENCIA DE DOS LUGARES HASTA AHORA MÍTICOS. EN ALGÚN LUGAR HAY UN MUNDO DONDE TODAS LAS PERSONAS HAN HECHO LA ELECCIÓN ADECUADA, LA ELECCIÓN MORAL, LA ELECCIÓN QUE MAXIMIZÓ LA FELICIDAD DE LAS DEMÁS PERSONAS. POR SUPUESTO, ESO TAMBIÉN SIGNIFICA QUE ALGÚN OTRO LUGAR SON LOS RESTOS HUMEANTES DEL MUNDO EN EL QUE NO...
¡Oh, venga! ¡Sé lo que estáis insinuando, y nunca he creído en esas tonterías del Cielo o el Infierno!
La habitación se oscurecía. El brillo azulado del filo de la guadaña de segador era más visible.
ASOMBROSO —dijo la Muerte—. VERDADERAMENTE ASOMBROSO. PERMÍTEME PLANTEAR OTRA SUGERENCIA: QUE NO SOIS MÁS QUE UNA AFORTUNADA ESPECIE DE SIMIO QUE ESTÁ INTENTANDO ENTENDER LAS COMPLEJIDADES DE LA CREACIÓN A TRAVÉS DE UN LENGUAJE QUE EVOLUCIONÓ PARA PODEROS DECIR LOS UNOS A LOS OTROS DÓNDE ESTABA LA FRUTA MADURA.
Esforzándose por respirar, el filósofo consiguió decir:
No seáis estúpido.
EL COMENTARIO NO PRETENDÍA SER DESPECTIVO —dijo la Muerte—. DADAS LAS CIRCUNSTANCIAS, HABÉIS LLEGADO MUY LEJOS.
¡Sin duda hemos superado todas esas anticuadas supersticiones!
BIEN HECHO —dijo la Muerte—. ESE ES EL ESPÍRITU. SÓLO QUERÍA COMPROBARLO.
Se inclinó hacia delante.
¿Y CONOCES LA TEORÍA DE QUE EL ESTADO DE ALGUNAS DE LAS PARTÍCULAS MINÚSCULAS ES INDETERMINADO HASTA EL MOMENTO EN QUE SON OBSERVADAS? A MENUDO SE MENCIONA UN GATO EN UNA CAJA.
Oh, sí —dijo el filósofo.
MUY BIEN —dijo la Muerte, se levantó mientras la última luz del día moría, y sonrió.
NOS VEMOS...




Nostalgias: Enrique Cadícamo (letra)


Quiero emborrachar mi corazón
para olvidar un loco amor
que mas que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas.
Si su amor fue flor de un día,
por que causa es siempre mía
esta cruel preocupación.
Quiero, por los dos, mi copa alzar
y así olvidar mi obstinación,
y mas la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración...
Angustias
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto, pronto le hablara de amor...
Hermano,
yo no quiero rebajarme
ni pedirle ni rogarle
ni decirle que no puedo mas vivir.
Desde mi triste soledad
veré caer las rosas muertas
de mi juventud.

Gime, bandoneon, tu tango gris
tal vez a ti te hiera igual
algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas.
Si las copas traen consuelo,
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlo de una vez.
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
por los fracasos del amor.