jueves, 23 de mayo de 2013

Motivación

—Detective, ¿le puedo hacer una pregunta?
Los dos agentes jóvenes  con su experiencia casi intacta lo miraban esperanzados y motivados. Ellos aún no había presenciado las atrocidades de las que un ser humano era capaz. El detective bajó lo que quedaba de ginebra de un trago antes de voltear a mirarlos de reojo.
—Escupe.
—¿Por qué acepta solo casos de mujeres horriblemente mutiladas? 
—Su talento sobrehumano para resolver crímenes es legendario. Podría resolverlos todos, pero solo acepta un puñado al año.
El maltrecho detective se giró en el taburete que luchaba por mantenerlo suspendido contra la curva de su columna, la cual luchaba por que apoyara el mentón en la barra. La barba delataba que hacía días o tal vez hasta semanas desde que se higienizara apropiadamente, y cuando uno se acercaba el aroma era la evidencia definitiva.
—¿Quieren saber por qué elijo esos caso, quieren saber por qué no tomo más, o quieren saber cómo los resuelvo? En definitiva todos vienen porque quieren mi secreto.
—En realidad más bien queremos saber su motivación.
Los muchachos tenían marcas de granos aún en la cara. Entre la barba de ambos no hubieran cubierto una mandíbula entera.
—Bueno, por eso solo les voy a contar mi método. Porque mi método es la motivación.    "Tengo un cocktail muy poderoso que desarrolló un amigo farmacéutico. La combinación de drogas permite no solo un estado símil coma durante días establemente, sino que además proporciona vívidas alucinaciones y modifica la percepción del tiempo de nuestra mente.
Los muchachos escuchaban atentamente, y con las bocas ligeramente entreabiertas, mientras el detective bajaba otro vaso de ginebra más rápido de lo que podía llenarlo la botella.
   "Antes de ingerirlo, investigo todo lo que puedo sobre la víctima. Interrogo a familia y amigos, ex parejas, aprendo tanto como puedo sobre su personalidad, gustos, en fin. Paso horas mirando tantas fotos como logre conseguir que me proporcionen sus seres queridos, e incluso fotos de su cuerpo desnudo que me proporcionan en la morgue.
La cara de los agentes pasaba lentamente por varios espectros de camino al puro y completo horror.
   "Llegado el momento, tengo no solo una imagen completa de esta muchacha de cuya existencia no supe hasta después de su muerte, sino que la tengo ocupando hasta el más recóndito rincón de mi mente. No es de asombrar que cuando entro en el sopor de la droga, sueñe de manera vívida con ella, y alucine de manera extremadamente realista como si la conociera. Sueño de hecho, y esto es importante que pase siempre, que la conozco, nos caemos bien, y terminamos siendo pareja. Tengo de hecho, en mi mente, un amorío de años con esta mujer, en el cual llego a conocer hasta el último lunar de su espalda. No solo como quién mira un trozo de evidencia, fría y metódicamente, como es cuando miro las fotos y oigo los testimonios, sino que llego realmente a conocerla, tener charlas con ella, hacerle el amor.    "Pues sí, me enamoro de ella, siempre me enamoro de ella, convivo durante años con su presencia y nos volvemos una sola alma que canta al unísono. Solo para que luego despierte a un mundo donde me ha sido arrebata aún antes de haber visto su rostro mutilado por primera vez. Y les puedo asegurar, mis inútiles novatos, que no hay alma en la tierra capaz de esconderse de un hombre con tal sed de venganza"
Atónito aún, uno de los muchachos logra formular una última pregunta, medio en estado de shock por lo que acaba de oír.
—Pero... Pero ¿cómo? ¿Cómo está tan seguro que va a enamorarse de una mujer antes de empezar?
—Ese es el tema, yo ya las amo a todas.
El detective bajó otro vaso de un golpe, y los agentes se alejaron en silencio. Uno de ellos vuelve la vista un momento en la puerta y le pregunta al otro:
—¿Tú le crees?
—Obvio—contesta el otro.
—Yo también, pero... ¿por qué?
—No lo se, pero lo que sí se, es que ese hombre va a morir de lo que hace.

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