viernes, 12 de octubre de 2012

Labios ponsoñosos

 Ella reposaba languidamente en un colchón de plumas. Su cabello rubio no caía en hermosos bucles, sus labios no eran rojos y carnos, su silueta era más bien flacucha, pero no dejaba de ser hermosa a mis ojos. Uno la veía tan fragil en su sueño, tan suceptible, que te daba miedo despertarla. Ella era la víctima, y tus labios eran venenosos. Pero era una viuda rubia.
Yo huí de mi casa por ella, dejé a mi mujer y mis dos hijos por una tonta aventura. Ella tenía eso que mi mujer no tenía: me necistaba. Mi mujer era una mujer demasiado fuerte e independiente, cuando me diagnosticaron cáncer y empecé los tratamientos de quimioterapia, ella cargó con todo en sus hombros. Yo pasé a ser un tercer hijo, incapacitado por el veneno que corría por mis venas y el que me disparaban para salvarme de mi mismo. Pero tras la operación, y la recuperación, uno no pierde esa sensación de que la vida está al borde de quebrarse constantemente. Así que tras veintidos años de matrimonio, con mis cuarenta y siete, decidí huír con una jovencita de apenas veintiocho años. Una niña que podría haber sido mi hija en otra vida.
Mi mujer no me precisaba para nada, y ella parecía tan incapaz, que me hacía sentír un hombre de nuevo. Pero ella siempre se mantuvo a una distancia. Nunca llegué a darle un beso siquiera. Era tan frágil a mis ojos, como un tubo de ensayo, lleno de veneno... Ella no temió romper una familia, ella no temió romper mi corazón, ella no temía nada. Era yo el que temía hacerle daño, siempre me sentí venenoso, radioactivo. No por la quimio, sino por ser un hombre mayor, un hombre corrupto que seducía a una niña y dejaba una familia por un capricho, por la necesidad de inflar su ego herído.
Jamás hubiera creído si alguien me hubiese dicho que la venenosa era ella. Jamás hubiera sospechado que sus miedos eran tan falsos como sus sentimientos. Y al final fui yo el que se rompió como una copa contra el borde de la mesa, derramando mi contenído sobre esas baldosas con un diseño de tablero de damas. Me usó. Pero no puedo fingír ser una víctima inocente, pues yo intenté usarla a ella.
Le dí todo lo que pude y más. Nos escapamos un martes de tarde en mi auto y dormimos en hoteles durante  dias camino a las montañas. Fui yo el que sugirió que ella durmiera en la cama y yo en el piso; tonto de mi intentando protegerla. Al llegar su novio me dio una golpisa importante. Me rompió tres costillas y un riñón.
Probablemente ahora él esté envenenado también. Yo simplemente no soy capaz de volver con mi mujer con el rabo entre las patas. De todas maneras ella no me necesita. En la clinica a la que fui tras las atenciones de su novio me encontraron una posible metastasis, o sea que probablemente tengo cáncer denuevo.
No quiero más venenos, así que terminada esta cárta voy a saltar por la ventana.

2 comentarios:

  1. Eso te pasa por andar de gato macho!

    ResponderEliminar
  2. Y ella me cantaba http://www.youtube.com/watch?v=haLOjd58cS0 una y otra vez...

    ResponderEliminar