miércoles, 20 de abril de 2011

P.O. BOX

¿Qué es aquello que atesoro más en el mundo? ¿Qué es lo que me permite levantarme a diario? Eso que me arrulla en las noches, eso que destila encanto en cada paso que se adentra por mi mente, eso que no deja de sonreír en la faz de mi desasosiego, eso que se traga los restos de nostalgia y escupe un mañana para que pueda respirar una vez más. ¿Prolonga la agonía de existir? No, no hay que rechazar un regalo, como si los dientes marrones de un caballo de carreras se tratase. Ayúdenme a dilucidar que se ha colado en mi vida para permitirme tener. Yo poseo una vez más, pero no se que es lo que cuido. No. Escondido en una cajita de hueso, petri y añoranzas, me vive el día a día en el bolsillo. Uno precisa salvaguardar, uno necesita la sensación de proteger. Pero uno precisa el engaño. No me digan. No me digan que es lo que arropo entre mis dedos, que es lo que destella de felicidad en mis entrañas, que es lo que me da una razón para luchar contra la inercia. No me digan. No me digan que solo es heter; que solo es ceniza llevada por el viento sobre un puente de madera; que solo es reflejo de una sombra, el recuerdo de una caricia, el suspiro que se lanza antes de expirar. No me digan que mi cajita está vacía, porque yo la llené de sueños, de esperanzas, y si la abro va a explotar en mi cara.

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